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Relaciones institucionales del Magreb y la Unión Europea

El Magreb es una región vital para Europa. Los intereses particulares de países europeos con fuertes vínculos históricos y económicos con la región son evidentes, la seguridad en el mediterráneo, la inmigración, la estabilidad política e institucional de la zona, etc, son aspectos claves en el diálogo entre la Unión Europa y los países del Magreb.

Actualmente asistimos a dos fenómenos aparentemente contradictorios que se pueden visualizar en diferentes partes de nuestro mundo: hablamos de globalización para referirnos a todos los procesos económicos, sociales y culturales que unen a los diversos países y culturas en interrelaciones múltiples y complejas. Al mismo tiempo se producen fenómenos de regionalización como estrategia de países que comparten intereses comunes ante la globalización general.

La cooperación entre la Unión Europea y el Magreb,

Se mueve pues dentro del marco de la globalización y la integración regional. Mientras la globalización apuesta por un mercado mundial, con libertad de movimientos para capitales y empresas, la integración regional busca construir relaciones entre países de una región afín o con características comunes desde el punto de vista cultural, social, histórico o económico, para impulsar a los países más desfavorecidos de la misma, mediante la firma de acuerdos políticos, culturales o económicos. Para ellos se utilizan diversos mecanismos de ayudas directas, subvenciones a fondo perdido, o préstamos a bajo interés, etc.

Históricamente la cooperación entre la Unión Árabe del Magreb y la Unión Europa, se empieza a consolidar a finales de los años 60, anteriormente a esa fecha asistimos a los procesos de descolonización, y a meros acuerdos de intenciones. 

La Cumbre Comunitaria de Paris, celebrada en octubre de 1972, inició una nueva etapa: la Política Global Mediterránea que tenía un enfoque multilateral hacia los países terceros del mediterráneo, entre los que estaban incluidos Argelia, Marruecos y Túnez. La Política Global Mediterránea se plasma, como es bien sabido, en los Acuerdos de Cooperación de carácter bilateral firmados en 1976 con cada país, que incluyen varios aspectos: diálogo político y sociocultural, cooperación científico-técnica y la firma de protocolos financieros, también incluía acuerdos comerciales.

La ampliación de la CEE en 1986

Con la entrada de España y Portugal, hizo necesaria la firma de un protocolo adicional en 1987 para adaptar el acuerdo de 1976, a las nuevas realidades comunitarias.

La CEE siempre preocupada por sus fronteras del sur, intenta cambiar su estrategia de cooperación con los países del Magreb. Efectivamente, por múltiples factores,  la Política Global Mediterránea fue una estrategia fracasada, especialmente desde el punto de vista de los países magrebíes, y los mismos reclaman otro trato de las autoridades de la Europa Comunitaria.

El nacimiento de la Política Mediterránea Renovada en diciembre de 1990 es un nuevo intento de normalizar las relaciones y renovar el interés por el Mediterráneo. Se pone el acento en promocionar la inversión privada y el acompañamiento o tutela de los procesos de reforma económica puestos en marcha por los países del Magreb, además de potenciar el diálogo, a través de diversos instrumentos, entre Europa y el Magreb. 

En Barcelona, en la Conferencia celebrada en 1995, se acuerda crear un nuevo marco multilateral de colaboración euro-mediterránea en general, y que afectaban sustancialmente al nuevo marco de relaciones entre Europa y el Magreb, en tres ejes claves: Colaboración política y de seguridad, colaboración económica- financiera y colaboración en el ámbito social, cultural y de desarrollo humano.

Posteriormente, el Acuerdo con Túnez de 1998, donde uno de los aspectos más interesantes, por su impacto económico para las economías de los países del Magreb, es que ambas partes acuerdan un desmantelamiento arancelario progresivo, la libre circulación de capitales, ampliar todos los aspectos de la cooperación económica, e incrementar la cooperación política, social y cultural. 

Con Marruecos se firma un acuerdo similar y sus resultados

Según los análisis del Banco Mundial, han supuesto para el país una ganancia entre el 1,5 y el 2% del PIB en 12 años. La creación mediante estos acuerdos de una zona de libre comercio euro-mediterránea ha intentado frenar los impactos negativos en un sector tan sensible como la agricultura y, aunque en principia el sector agrícola queda excluido de la zona de libre comercio,  se han puesto en marcha medidas compensatorias, como el acuerdo preferencial de los productos agrícolas marroquíes en los mercados europeos

Con Argelia se firma un acuerdo basado esencialmente en la energía, buscando la Unión Europa asegurarse a largo plazo el suministro de gas y petróleo a precios asequibles.
Desde el punto de vista de la Unión Europea se trata de conseguir acuerdos bilaterales,  donde se incluyan aspectos como la cooperación económica sectorial, financiera, cultural y política, incluyendo asuntos que en los últimos años han ido teniendo mayor protagonismo en las relaciones bilaterales: inmigración, control de fronteras, medio ambiente, cooperación al desarrollo, modernización de la legislación nacional en temas sensibles (mujer, familia, infancia, etc) y desarrollo de infraestructuras.

Desde el punto de vista de los países del Magreb, los acuerdos tienen luces y sombras y no han resuelto problemas importantes de su desarrollo. Según expertos magrebíes la apuesta por la apertura es inevitable, pero de alto riesgo, ya que puede desintegrar capas enteras del tejido productivo nacional y agravar el problema del paro y, por lo tanto, los incentivos pare emigrar.

Uno de los retos de las economías del Magreb

Es poner a punto un sector productivo capaz de competir en la apertura de los mercados y en la economía global. 

Los países de la ribera sur del mediterráneo, todavía están sumidos en graves problemas que lastran su desarrollo. La asociación euro-mediterránea les va a exigir profundas transformaciones de cara a los procesos de globalización y regionalización a los que nos hemos referido. 

Las reformas internas son inevitables, la reforma y modernización de la Administración, la modernización del tejido productivo, creando condiciones para que las empresas colaboren en la modernización de estos países, generando una amplia colaboración con las empresas del norte y sur del mediterráneo, y la creación de un clima de confianza, credibilidad, estabilidad política y seguridad jurídica, son elementos claves en el desarrollo económico de los países del Magreb para los próximos años. 

Socialmente los costes de estar en una economía abierta y competitiva y en una zona de libre comercio con la Unión Europa, pueden ser duros a corto plazo: pérdida de empleos para baja competitividad de las empresas e incluso, según algunos analistas, empobrecimiento general de la población. Los beneficios serán a largo plazo. Es un proceso de integración doloroso.
La ayuda al desarrollo y el crecimiento de los países del Magreb, debería ser una política prioritaria de la Unión Europa tan necesaria para estos países como para la propia supervivencia de Europa.

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