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¿Por que España no despierta?

España inmersa en una de las crisis económicas más graves de su historia reciente es el país de la Unión Europea, junto con Grecia, con peores indicadores económicos en casi todos los sectores.

Lamentablemente el país tiene niveles de desempleo y tasas de paro juvenil absolutamente insoportables para cualquier país desarrollado de la OCDE. Es una situación tan potencialmente explosiva que lo extraño es que no haya degenerado ya en una grave crisis social que se vea reflejada en las calles, como ha ocurrido en otros países, y ocurre con bastante frecuencia en países de nuestro entorno.

El movimiento 11-M parece que se ha desinflado, los sindicados parecen unos corderitos amaestrados preocupados ahora por los casos de corrupción que también a ellos les están salpicando, y el PSOE? Bueno, el principal partido de la oposición ha apostado por una oposición light de ruedas de prensa en los lujosos salones del Congreso, y no está dispuesto a ir más allá de eso.

Hay una causa sociológica

Para explicar esta especie de resignación social, este fatalismo en el que parece haber caído la sociedad española: se ha generalizado el convencimiento de que no se puede hacer nada para cambiar las cosas, que no ha servido de nada las huelgas generales de los sindicatos, ni las movilizaciones del 11M, ni las protestas de los estudiantes contra la ley de educación, en fin que todo los esfuerzos que se han hecho no han impedido que España tenga hoy una Reforma Laboral que ha consagrado el despido libre, con miles de trabajadores que se han sumado a las listas del paro desde su aprobación, que la corrupción se haya instalado en el país con total impunidad, o que tengamos la ley hipotecaria más injusta y abusiva de Europa que está propiciando el drama de los desahucios.

Parece que no hay nada ni nadie que sea capaz de parar lo que está sucediendo en España. Lo escandalosos de la situación política, la corrupción de la familia real, el rescate bancario, los recortes de las políticas sociales y los recortes de los niveles asistenciales básicos del estado, la congelación de las pensiones, el retraso de la edad de jubilación, etc. Todo un ataque en regla a la línea de flotación del estado del bienestar. La sociedad española ha caído en el más profundo pesimismo.

Solo hace falta abrir cada mañana un periódico para que nos demos cuenta como se desayunan millones de ciudadanos cada día. La impresión generalizada es que no se puede hacer nada, que esto no se puede cambiar, que esto no tiene solución. También existe la creencia de que individualmente no se puede luchar y, mucha gente, vista la inoperancia de los sindicato, de los partidos políticos de la izquierda y del declive de los movimientos populares y ciudadanos, termina aislándose y tratando de dar una solución individual a su drama personal.

Este pesimismo está resultando letal para el país convirtiéndose es un arma utilizada por el poder para imponer sus políticas. La no contestación, o la contestación moderada a la política social y económica del gobierno, parece que le da legitimidad a la misma, por lo que es desalentador observar como los diferentes colectivos sociales no se movilicen contra estas políticas.

Esta situación lleva además a una desmoralización general de la sociedad que es el primer paso para el más absoluto desarme social, cosa que ya está empezando a ocurrir en la sociedad española. El conformismo de una población con millones de parados parece sorprendernos, pero hay que bucear un poco para entenderlo. Los partidos políticos han venido incumpliendo sistemáticamente sus promesas electorales. Hoy resulta curioso ver al representante del PSOE prometer todo aquello que no hicieron cuando estuvieron en el gobierno. Y lamentable ver al PP pasarse por el forro todas sus promesas electorales, haciendo justo lo contrario a lo que prometieron.

Todo esto ha ido creando una desafección de la sociedad respecto a los políticos que la representan. Cada día en España se ven situaciones de profunda injusticia social que quedan impunes, vulnerando los derechos constitucionales. La población no confía en los jueces, cuando ve como se imputan a los que piden sus derechos o no se le reconocen los mismos cuando se reclaman, mientras muchos corruptos salen absueltos, como el caso Camps en la Comunidad Valenciana.

El sistema parece cuestionado por la apatía social

El cansancio, el hastío que impregna todos los recovecos de la sociedad. La sensación generalizada es la de vivir en un sistema político podrido por la corrupción de los partidos políticos, donde la impunidad de los poderosos resulta insultante.

Parece evidente que ante esta situación, el clamor de la sociedad debería hacerse presente en todos los recovecos del estado, sin embargo, no es así, aparentemente España vive una situación de paz social, no hay graves estallidos de violencia o desordenes públicos, no hay grandes manifestaciones de protesta y, cuando las hay, son ejemplarmente pacíficas.

Está claro que esta situación es muy cómoda para el partido del gobierno, porque no tiene que enfrentarse a una gran contestación social. Hoy día la oposición al gobierno la hacen más ciertos sectores de la prensa de izquierda, que los partidos políticos, los sindicatos o los movimientos ciudadanos.

Para muchos ciudadanos la alternancia en el poder de los dos partidos, PSOE y PP, los ha hecho casi idénticos. Solo los matices los diferencian. Si no es así, porque el Partido Socialista no frenó los desahucios y aprobó una nueva ley hipotecaria cuando estuvo en el poder y pudo hacerlo? Porque apoyó a los bancos contra la población?

Porque no puso en marcha las medidas que ahora reclama? Estuvo dos legislaturas en el poder, y no movió un dedo a favor de las miles de familias víctimas del abuso de los bancos, ni de los pensionistas, ni de los desempleados. Es un problema de credibilidad. Quien se cree hoy día a Rubalcaba?

Esta es la esencia de una grave crisis que ha llevado a la sociedad española al pasotismo más radical, y que tiene su reflejo en los niveles de abstención cada vez más significativos en las elecciones generales. El sistema se derrumba es cierto, pero no por la movilización social, sino por sus propias causas internas. Como dice el profesor Juan Torres en su artículo ¿Qué está pasando en España? de la edición digital del periódico El Publico, el “edificio se viene abajo”.

La situación parece insostenible y afecta a todas las instituciones del Estado. Lo más grave y vergonzoso es tener que soportar la corrupción generalizada de una clase política e incluso de la propia Casa Real, en un país de más de 6 millones de parados y con unos índices de pobreza que superan el 20%, según los datos aportados por Caritas en su último informe sobre la pobreza en España.

Lo escandaloso

Por lo que tiene de agravio comparativo, es la blandura de los jueces antes ciertos casos de corrupción y la dureza de la ley ante casos de extrema necesidad. Resulta que un individuo que roba decenas de millones de euros, se pasea tranquilamente en coches de alta gama para ir al juzgado, se va de vacaciones a Canadá y está en la calle y, a otro, si lo cogen robando un saco de naranjas y le aplican lo de robo con fuerza (por ejemplo porque ha roto un candado para poder entrar en la finca), lo pueden meter en la cárcel. Resulta que una infanta real es inocente y no se le imputa en el caso de corrupción de su marido, porque no sabía lo que firmaba y sin embargo se penaliza a los miles de jubilados, muchos de ellos sin entender nada de lo que firmaban y confiando en su banco, por firmar los contratos de las preferentes, ya que su firma expresa su voluntad de acuerdo con las condiciones del banco.

Estas situaciones se producen hoy en una España que ha perdido todo sentido de justicia y decencia, con una sociedad civil inane y que parece no reaccionar. El único caso de movilización social con éxito en los últimos tiempos ha sido la plataforma contra los desahucios, no han podido cambiar la ley, pero han logrado que en España se empiecen a dictar sentencias considerando abusivas las cláusulas del suelo y anulando las mismas. Es un ejemplo de que con la movilización social se consiguen cosas. Es el único camino posible. Es cierto que la población está asqueada y que no ve salidas claras para cambiar el estado de las cosas, para regenerar la esfera pública que se ha degradado hasta límites insospechados.

En España hoy ha saltado hecho añicos el modelo político de la transición política. El sistema de alternancia de los dos grandes partidos ha entrado en crisis.

Como dice el profesor Juan Torres, “cualquier intento de darle solución a los problemas de España manteniendo la actual institucionalidad, creyendo de nuevo en el PSOE y el PP, es infructuoso”

Es evidente que la única salida que tiene España es articular una nueva mayoría social, con nuevos planteamientos éticos y morales. Esta mayoría, en mi opinión, no debe ser solo la suma de partidos políticos, sino más bien una gran mayoría que tenga como base los movimientos sociales que hace un par de años pusieron a España en la vanguardia mundial.

La sociedad española debería salir del letargo en el que se ha sumido en el último año. Los movimientos ciudadanos, tan importantes para crear el dinamismo social que el país necesita en estos momentos deben volver a asumir su protagonismo natural. Revigorizar el movimiento de los indignados, la lucha contra los desahucios, contra los abusos de los bancos, contra la congelación salarial y de las pensiones, etc. Todos estas reivindicaciones tiene el peso suficiente para logra mayorías sociales capaces de movilizarse por el cambio y la regeneración política en España.

La izquierda española y los sindicatos no deben dejar pasar esta oportunidad histórica y han buscar la forma de que su mensaje de cambio, de honestidad en la función pública, y de resistencia a las políticas económicas del gobierno tengan eco social, sin que por ello tiendan a manejar los movimientos sociales espontáneos que se ha venido desarrollando en España en los últimos años, y que ahora, por desgracia parecen adormecidos.

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