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El sínodo del cadáver, vendetta Vaticana

La historia del Vaticano tiene un episodio especialmente vergonzoso a la par que curioso. Este episodio es conocido como el sínodo del cadáver, esté sínodo se produjo en el año 897 cuando por orden del papa Esteban VI se ordenó desenterrar los restos del papa Formoso para ser juzgado por traición. Fue hallado culpable, quemado su cadáver y arrojado al río Tíber ¿Por qué?

Una época peligrosa

Formoso, de quien se desconoce su nombre secular, nació en la ciudad de Ostia en el año 816 y murió en Roma en el año 896. Era de una familia noble del Lacio que pronto destacó como religioso, consagrado obispo de Portus en el año 864 por el papa Nicolás I desempeñó una ingente labor diplomática en Bulgaria, donde fue reclamado por el príncipe para ser consagrado como arzobispo, pero su estancia duraría poco ya que fue llamado de nuevo por el papa para una misión más importante en Constantinopla donde residía Focio, el motor del cisma de oriente. Desde ahí el futuro papa conoció los entramados de la política religiosa de estado.

Más adelante seguiría su carrera diplomática a cargo del Vaticano siendo legado papal en Francia durante tres años en la corte de Carlos II de Francia (Llamado Carlos el Calvo).

Los emperadores Germanos

La cuestión política primó en el siglo IX debido a las facciones Italianas que pretendían establecer un reino independiente, entre esta facción se encontraban los marqueses de spoleto, por otro lado se encontraban en Roma las facciones Francesas que pretendían que Italia fuese satélite del estado Francés y la facción Teutónica que se erigieron en el siglo IX como protectores de la Iglesiay señores de Italia. El papado no fue ajeno a estas maniobras y las diferentes facciones tenían representación en el Vaticano así como las diferentes familias Italianas que ansiaban alzarse con el poder en Italia.

Formoso no fue ajeno a esta situación y pronto se situó cerca de los miembros Teutones. Desde su cargo de obispo de Porto, Formoso, tomó partido por Arnulfo de Carintia, un bastardo de la dinastía Carolingia, cuya aspiración era ser rey de Italia.

El apoyo a la dinastía Imperial le valió ser expulsado de su diócesis y excomulgado por el papa Juan VIII dicha situación obligó a Formoso y a sus seguidores a abandonar Roma aumentando las sospechas que se tenían sobre él mientras el papa Juan VIII temía por la independencia de Roma frente al Imperio.

Formoso se refugió durante varios años en la corte de los Spoleto, en el norte de Lombardía.

Fin de la excomunión y papado

La ascensión del papa Marino I acabó con la excomunión de Formoso y restituyendole al frente de su diócesis en Porto. Dos papas después, Adriano III y Esteban V, fue él mismo elegido obispo de Roma y cabeza de la Santa Iglesia Cristiana Católica Apostólica Romana.

La situación era especialmente delicada ya que antes de su elección Guido de Spoleto había sido coronado en Pavía Rey de Italia y ansiaba ser confirmado Emperador por el papa anterior. Por lo que el nuevo papa se vio obligado, ante la situación, a confirmarle emperador mientras pedía a Arnulfo de Carintia ayuda para contrarrestar el creciente auge de los Spoleto en Italia.

El auge de esta familia le obligó a reconocer al hijo de este como nuevo Emperador, Lamberto de Spoleto, mientras hace esto Formoso logra convencer a Arnulfo de Carintia para que invada Roma y acabe con la familia Spoleto. El emperador Germano no dudó y atravesando los Andes fue tomando ciudades hasta expulsar de Roma a Lamberto de Spoleto confirmando el papa a Arnulfo de Carintia como Emperador en el atrio de la Basílica de San Pedro.

Poco después de esto el papa Formoso moría en el año 896

El sínodo del Cadáver

Una vez muerto Formoso su sucesor, el papa Bonifacio VI, que duró quince días fue sucedido por Esteban VI un antiguo seguidor de Formoso que cambió de bando y se unió a Lamberto de Spoleto que acabaría tomando Roma y procesando al fallecido papa en uno de los episodios más macabros de la historia de la iglesia católica.

Lamberto convenció al nuevo pontífice de que juzgara al fallecido Formoso para acabar con el aura de santidad que se había forjado y poder asimismo vengarse de forma pública por la traición que había hecho contra los Spoleto, de modo que se inició el proceso que debía de ser público pero con toda la solemnidad del derecho eclesiástico para que no hubiera suspicacias.

El cadáver fue exhumado de su tumba y vestido con los atributos papales para ser llevado al sínodo donde sería juzgado. Rodeado de cardenales, obispos y dirigentes eclesiásticos el antaño papa fue sentado sobre su trono desde donde presidía el juicio aunque, obviamente, no podía defenderse su situación fue solventada con el nombramiento de un abogado de oficio que debía defender al anterior papa.

Los cargos eran bastante graves pero sobre todo uno que provocaba que su nombramiento como papa fuera ilegal y que se fundamentaba en una norma de derecho eclesiástico que prohibía al obispo de Porto ser a su vez obispo de Roma (papa) aunque habían otras normas que lo autorizaban. El juicio, que fue una pantomima, resultó con una condena en firme contra el papa Formoso que hizo que el sínodo lo depusiera de su cargo papal así como revocar sus nombramientos, disposiciones y actas (que fueron de nuevo aceptadas y los obispos de nuevo ordenados por el papa Esteban VI) La sentencia condenatoria le despojó de sus ropajes ceremoniales y se le amputaron al cadáver los tres dedos con los que se daban las bendiciones.

Después de aquello, ya fuera del templo sus restos fueron arrastrados por las calles de Roma, quemados y arrojados al río Tíber donde cuenta la leyenda que sus restos fueron encontrados por un pescador.

Las reacciones no se hicieron esperar. Al poco tiempo Esteban VI fue encarcelado y estrangulado en la cárcel. Dos años después de todo lo sucedido un nuevo papa ascendió al trono de san pedro, Juan IX, que rehabilitó al papa Formoso entre los papas legítimos de la Iglesia Católica y prohibió los juicios contra las personas fallecidas.


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