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Zenobia, la arquera de Palmira

Zenobia, la arquera de Palmira

Septimia Bathzabbai Zainib, conocida como Zenobia por la latinización de su nombre, nació en Palmira el 23 de diciembre del año 245 d.C. Era hija de una esclava egipcia y un influyente
ciudadano romano Julio Aurelio Zenobio, (aunque según otros textos su padre fue un rico mercader árabe). Se quedó huérfana y Zenobia que tenía un carácter indomable, además de poseer belleza e inteligencia se desposa muy joven con Odenat (Septimio Odenato de Palmira, príncipe de Palmira y vasallo del Imperio Romano). Un poeta del siglo XIX la describió como “la mujer de los cabellos oscuros, señora del desierto sirio”.

Odenat, tenía un hijo llamado Hairan (Septimio Herodes) nacido de su primer matrimonio, que ese mismo año había sido nombrado por el emperador Valeriano (253-260) cónsul de Roma. Fue la recompensa por sus campañas triunfales contra el ejército persa y por su valiosa ayuda para extender las fronteras del Imperio Romano hasta Mesopotamia. Alrededor del año 260, Odenat tuvo su segundo hijo, el primero con Zenobia, al que llamaron Vabalato, (Lucius Iulius Aurelio Septimio Vaballathus Atenodoro). Pero un año y medio  después, Meonio, (Maconius) sobrino de Odenat, mató a su tío y su primo heredero. Inmediatamente es nombrado emperador Vabalato, el segundo hijo de Odenat.  No hay ninguna base para suponer que tal acto de violencia hubiera sido instigado por Roma. Después de su muerte (267-268), Zenobia
lo sucedió en su posición y gobernó Palmira junto con su hijo Vabalato tomando las riendas del reino, en calidad de regente, a la espera de que su hijo alcanzara la edad para poder reinar (quien sabe si era ella la instigadora de ese doble crimen). Tanto a Zenobia como a Vabalato les fueron concedidos los títulos honoríficos de augusta y augusto, y Vabalato, además disfrutaba del título de rex e imperator («rey» y «comandante militar supremo».  Meonio fue capturado rápidamente y ofrecido como un sacrificio a los dioses en memoria de Odenat. De esta forma, pasó a ser soberana de la fabulosa ciudad de Palmira. Bajo su potestad quedaban Palmira y los territorios recientemente conquistados en Oriente, desde el Éufrates hasta Bitinia.

Zenobia

La nueva reina cambió la capital del reino nabateo  a Palmira. Hasta entonces había sido Petra, a 80km del mar Muerto. Palmira significa "ciudad de los árboles de dátil", hoy queda cerca de Tadmor, Siria Palmira estaba situada en un oasis en el desierto Siria, provincia romana desde el siglo I. Era un lugar muy disputado entre los dos grandes imperios de la época, Roma y Persia. A medio camino entre el mar Mediterráneo al oeste y del río Éufrates al este, distaba 210 km de la antigua Damasco. Era una parada obligatoria en la ruta de caravanas, conectando Oriente con Occidente a través de la ruta de la seda. Su situación era muy estratégica militar como económicamente. Por otra parte servía de frontera a los deseos imperialistas de los persas.

Su importancia comercial era tan reconocida, que hasta a sus dioses Arsu y Azizu se les representaba montados en camello y caballo respectivamente. Eran dioses encargados de
proteger las caravanas, a los mercaderes y las mercancías que transportaban. Al ser el punto de confluencia y parada de todas las caravanas, ya venidas de Oriente como de Occidente llegó a convertirse en la capital del reino nabateo, y la ciudad más rica del mundo en el siglo III. Y Zenobia sería su reina.

La reina de Palmira

Por su procedencia plebeya, su astucia y capacidad de persuasión, se hizo respetar por sus súbditos y ganarse su apoyo. Mujer muy culta, gran administradora Muy dotada para la diplomacia, gran estadista y con buena perspectiva política, supo rodearse de eminentes consejeros de la época, entre los que destacaron Apolonio de Tiana o el célebre filósofo retórico Casio Longino.

Zenobia era una reina muy culta que dominaba el árabe, el arameo, el griego y el copto. En materia religiosa fue bastante tolerante y ella adoraba al dios solar. Fomentó las artes y fue una gran administradora y hábil política. Destacaba por sus dotes culturales, administrativos e intentó levantar un gran imperio en todo el Oriente Medio. Dentro del mundo cultural protegió a Pablo de Samosata, que era uno de los más destacados teólogos de su época, e hizo carrera como obispo protegido de la reina. Zenobia promovía una versión más judaizante del cristianismo que pudiera imponerse al cristianismo romanizado imperante en la época.

Así las doctrinas de Pablo Samosata son desarrolladas por su discípulo Arrio, que fue fundador del arrianismo, y tanto éxito tuvo con los visigodos en la península Ibérica, llegando a ser considerado como herejía por la iglesia de Roma. El gusto de Zenobia por las joyas era muy conocido. Le gustaban las joyas antiguas, sobre todo las que habían sido usadas por Cleopatra. En las fiestas aparecía vestida con una túnica bordada de perlas y un casco de oro, bebiendo vino en las mismas copas incrustadas de piedras preciosas que habían rozado los labios de la reina egipcia. Zenobia fortificó y embelleció la ciudad, construyendo una gran avenida de 1200 metros, custodiada por columnas corintias de más de 15 m de altura que era el eje de la ciudad.

Convenció a todos los notables de Palmira, de posar y pagarse un busto propio, y erigirlo sobre una columna para el adorno de la ciudad. Así llegó a reunir alrededor de doscientas estatuas en sus columnas de nobles, magistrados, capitanes y comerciantes. La calle principal daba paso al espectacular tetrápilo, donde se encontraba la estatua, hoy ausente, de la reina. Un gran templo  llamado del Sol, teatro, jardines y estatuas de héroes y benefactores. El templo de Bel. Edificado en el año 32 después de Cristo, consagrado al culto de Bel, derivación del término babilónico Baal, que significa amo. Era el dios supremo de los habitantes de la ciudad, el dios de los dioses. En el ágora, la plaza donde se discutía de política y se realizaban operaciones comerciales había una de Zenobia y su difunto esposo, erigidas en el 271 d.c. junto a otras.

Se promovían las construcciones municipales. La ciudad poseía entonces más de 150.000 habitantes y sus murallas tenían una longitud de más de 21 km. de circunferencia.

Consiguió hacer una Palmira tan rica y avanzada que tenía su propia lengua y su propio arte
En el año 268 cuando fallece el emperador Galieno, y Roma tiene que hacer frente a la
invasión goda procedente de las estepas rusas, Zedonia aprovecha la situación y las muchas
disputas por la sucesión existentes en Roma para sublevar su reino nabateo de Palmira para intentar crear un amplio imperio propio en Oriente Medio. Consigue dominar la península de Anatolia,  llegando hasta Ancira y Calcedonia. Más tarde se apodera de Siria, Palestina y Líbano.

En el año 269 atacó Egipto y se proclamó reina. Acuñó moneda en Egipto con su efigie. Así su
imperio, se extendió desde Asia Menor, Egipto y Oriente Medio, hasta el río Éufrates.

Cuando el emperador Aureliano llega al poder y consigue estabilizar la frontera del Danubio, decide hacer frente a la rebeldía de la reina Zenobia. Divide su ejército en dos, enviando uno a Egipto y otro a la península de Anatolia, para así dejar en medio las tropas de Palmira.

El emperador Aureliano conquistó Egipto. Después de esto, se dirigió hacia Siria, derrotando a
Zenobia en la batalla de Emesa (actual ciudad de Homs en Siria), lo que la obligó a retirarse a la ciudad.

Tras la batalla de Emeso, actual Homs, Zenobia se refugió en Palmira y la ciudad sufrió el asedio de las tropas romanas: Los palmiranos resistieron largo tiempo animados por el ejemplo de su reina a la que llamaban "la reina guerrera" por dirigir a su ejército, demostrando ser buena jinete, capaz de caminar tres o cuatro millas con sus soldados a pie  e invertir sus tesoros en multiplicar los medios de defensa. El ejército de Palmira destaca por dos
aspectos. En primer lugar, por su cuerpo de arqueros de reconocido prestigio, incluso Zenobia
era considerada una gran arquera. En segundo lugar, por los catafractos, que eran unidades
militares de caballería pesada, en la que tanto el jinete como el caballo llevaban armaduras.
Además confiaban en sus excelentes murallas. Zenobia además de una gran arquera, montaba
muy bien a caballo, caminando junto a los soldados. Contaba con grandes generales como
Zabdas y Zabbai ambos muy experimentados, y con un gran ejército, como habían demostrado los años anteriores.

Los romanos consiguieron el apoyo en esta guerra de los jefes árabes del desierto, que Zenobia había rechazado y Palmira fue conquistada en el año 272.

Zenobia huyó con su hijo Vabalato con la finalidad de pedir ayuda al rey persa Chapur, pero fue detenida cuando intentaba cruzar el río Éufrates por los romanos.

Finalmente, a pesar del apoyo persa, la ciudad  sucumbió y Zenobia fue hecha prisionera en su
huida hacia el río Eúfrates y llevada a Roma como trofeo del emperador, mientras en Palmira se había producido un nuevo levantamiento, esta vez apoyado por Egipto, que terminó por ser aplastado por Aureliano.

Palmira fue perdonada por el emperador Aureliano, por los servicios prestados a Roma, dejando una guarnición romana en la ciudad. Sin embargo Zenobia seguía siendo admirada por los ciudadanos y meses después volvió a sublevarse, matando a toda la guarnición romana. Esto obligó a los romanos a volver a conquistarla, pero esta vez la saquearon y la destruyeron para que nunca más volviera a ser ciudad.

Posteriormente, Diocleciano la reconstruye, aunque sin alcanzar la magnitud que tuvo originalmente.

Lo que sucedió con Zenobia a partir del año 272, no se conoce con exactitud, parece ser que fue llevada a Roma, donde fue exhibida durante el desfile triunfal del año 274, desfilando con su diadema imperial y sus joyas, arrastrando unas pesada cadenas de oro y diamantes que dos
esclavos le ayudaban a sostener. Si seguimos el relato del biógrafo de Zenobia, Trebelio Polión, este hecho lo relata de la siguiente forma:

“Llevada Zenobia ante el emperador Aureliano, éste le pregunta ¿Por qué Zenobia se había
atrevido a desafiar a los emperadores de Roma? Contesta: “A ti, que has vencido, te reconozco como emperador, a Galieno, a Aureolo y a los demás príncipes no los consideré como tales. Confiando en que la Victoria fuera semejante a mí, deseé, si la magnitud del territorio lo hubiese permitido compartir con ella el poder real”.”

Se dice que Aureliano quedó tan impresionado por Zenobia que la liberó, otorgándole una villa en Tibur (actual Tívoli Italia) donde se convirtió en una filósofa destacada de la alta sociedad, viviendo con sus hijos como una matrona romana y también que allí se casó con un senador. Aunque el perdón imperial fue más por motivos políticos que por caridad. Zenobia continuaba teniendo muchos adeptos en todo el Oriente Medio, por lo que se produjo la segunda revuelta de Palmira, y otra en Egipto donde también contaba con amplios apoyos. 

El emperador no quiso convertirla en el mito de la reina guerrera Zenobia. Por eso la mantuvo viva convirtiéndola en una matrona romana, casada e instalada en una villa.

A partir de este momento, el destino de Zenobia parece confuso: Y sobre su muerte, existen
múltiples teorías desde que una enfermedad acabó con su vida, hasta que fue una huelga de hambre o una decapitación. De momento se desconoce la causa verdadera de la muerte de la guerrera del desierto. (Foto: Claudio Borgognoni)


Disculpas: Durante un tiempo indeterminado y por error del sistema este artículo estuvo a nombre de nuestro escritor Koldo Salazar, cuando en realidad pertenecía a la autora arriba mencionada, Victoria Suever.

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