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Los niños sicarios

Los niños sicarios

Son menores nacidos en la pobreza de los peores barrios de las zonas más conflictivas del mundo, niños de familias pobres y desestructuradas con algún tipo de vínculo con mafias o con bandas criminales que inician a los pequeños en estas ingratas tareas y otras veces el abandono familiar les obliga a buscar cobijo en estos grupos criminales. La violencia social es una constante en América Latina, desde México hasta Nicaragua o El Salvador con las maras, Colombia o Venezuela son los lugares donde más niños sicarios hay.

La diferencia entre un niño soldado y un niño sicario es muy pequeña y únicamente se circunscribe a la organización en la que desarrolla su labor de matar. Los niños sicarios no son soldados pertenecientes a un grupo militar o paramilitar sino que su acción se produce dentro de grupos criminales que usan el sicariado, y a veces el terrorismo, como forma de ajustar cuentas entre bandas (asesinatos por "ajustes de cuentas"), como forma de extorsionar al estado (la guerra de los cárteles en Colombia y ahora en México, atentados contra políticos o fuerzas de seguridad del estado).

El caso de los niños sicarios es un problema que va in crescendo en México. De hecho en el año 2010 se capturó a "El Ponchis" un sicario Mexicano de 14 años de edad acusado de decapitar a miembros del cártel rival (el cartel del Pacífico Sur). Este caso sacudió la opinión pública Mexicana y abrió un debate al más alto nivel sobre el futuro y el tratamiento de reinserción de estos jóvenes. Los especialistas declaran que no hay remedio a corto y, probablemente tampoco a medio plazo.

Estos grupos criminales explotan los traumas de los pequeños en una intrasociedad violenta, de ser niños de la calle, abandonados y sin futuro pasan a ser narcotraficantes o sicarios ascendiendo en el organigrama lo cual les hace vulnerables a los cárteles y un peligro para la sociedad y si tenemos en cuenta el sistema penitenciario de México podemos entender que el futuro de esos pequeños no va a cambiar.

Las organizaciones civiles mencionan que unos 25.000 menores formarían parte de los grupos criminales de México en varios niveles, desde robos hasta torturas y asesinatos pero la esperanza de vida dentro del cártel para los menores es bastante corta, unos tres años de vida dentro de ese mundo. Más de 2 500 menores han muerto desde que la guerra de los cárteles en México estalló. Y muchos de estos adolescentes deciden entrar a formar parte de los cárteles por su adicción a la droga.

Muchos se inician como consumidores, los famosos niños huelepega, que para costearse la droga o poder consumirla gratis (en pago de sus servicios) forman a engrosar las filas de estos ejércitos de la droga que son los cárteles de México.

En El Salvador se han reportado casos de niños de 10 años que ya son asesinos. No saben leer ni escribir pero si disparar a la cabeza o degollar. El caso de estos niños sicarios no es diferente a la de los jóvenes Mexicano y su patrón es el mismo, pobreza extrema, analfabetismo, abandono familiar e institucional, entornos de violencia y drogas y criminalidad organizada. La criminalidad de la droga en Centroamérica no es tan compleja como los cárteles de México o los antiguos cárteles de Colombia. En este caso el nicho de poder mafioso fue ocupado por las maras, pandillas callejeras criminales asociadas, muy violentas y poderosas con ramificaciones por toda Centroamérica, desde El Salvador hasta Nicaragua, Honduras, Guatemala o Costa Rica (donde últimamente están penetrando) y también en Estados Unidos y Canadá y se sospecha que también han llegado a Europa.

Las maras tienen actividad en zonas urbanas y suburbanas y no forman un cuerpo piramidal, como los cárteles (que son fácilmente identificables) las maras son organizaciones horizontales de grupos concéntricos y multitud de jefes pero con poca jerarquización. Las más grandes maras son la Salvatrucha posee más de 100 000 miembros divididos en células cuasi independientes que se nutren de los jóvenes de las zonas más pobres y deprimidas de Centroamérica.

El reclutamiento comienza cuando son niños (normalmente empieza a los 10 años de edad) y sus tareas van desde labores de vigilancia hasta extorsiones, robos, torturas, violaciones y asesinatos, la esperanza de vida de los menores de las maras oscila entre cinco y diez años.

En Colombia durante la guerra contra el estado llevado a cabo por Pablo Escobar no se dudó en usar pequeños como sicarios debido a la juventud a la que ingresaban en estos grupos. Con la derrota por parte del estado Colombiano de los cárteles y el establecimiento del microtráfico, que no amenaza a la soberanía del estado como los antiguos grandes cárteles, las redes de sicariado continuaron existiendo y la estructura continuó sobreviviendo en Colombia.

El patrón es el mismo, jóvenes de zonas conflictivas, abandonados por el estado, sin recursos y en estado de pobreza deciden aventurarse en estas organizaciones para poder sobrevivir. Hoy en día en Colombia continúan existiendo menores sicarios que matan por dinero sigueindo órdenes de sus patrones, y ésta es una realidad incómoda que se extiende por toda América latina.

Podríamos concluir que los grupos criminales usan el nicho de autoridad del estado, que ha abandonado institucionalmente grandes zonas urbanas y suburbanas, como cantera para reclutar a sus nuevos miembros que llevados por la pobreza, gran factor central de esta situación, no ven otra salida a sus paupérrimas vidas que unirse a estos grupos perdiendo en ello la inocencia, la juventud y la vida en un ajuste de cuentas o en una celda por el resto de sus vidas. (Foto: Alex Proimos

 

 

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