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Los paraísos fiscales

La palabra paraíso significa, según el diccionario de la Lengua Española: “Lugar maravilloso donde Dios puso a vivir a Adán y Eva” o “Lugar ideal en el que las personas purificadas del pecado gozan de la compañía de Dios o los dioses, según las religiones”

Más allá de estas acepciones religiosas, el paraíso es también “un lugar muy bello, tranquilo y agradable” o “un lugar que reúne las características más adecuadas para el desarrollo de algo” y, ya que estamos en el meollo de la cuestión, si a paraíso le añadimos la palabra “fiscal”, entonces estamos en un “lugar o país en el que existe un régimen tributario de impuestos muy bajos o nulos”.Si además de esto, el lugar coincide con el de la definición de ser bello, tranquilo y agradable, entonces sí que de verdad tenemos un paraíso en la tierra, donde guardar el dinero y vivir como un rey, perdón, por no querer señalar a nadie, vivir muy bien.

Los paraísos fiscales

Son una verdadera tentación para aquellos que tienen dinero. Son pequeños trozos del Edén en la tierra. Normalmente un paraíso fiscal se asocia a un pequeño territorio donde circula abundantemente el dinero, con sol, palmeras, buen clima, hoteles de lujo, playas paradisíacas… quien puede resistirse?

Si a la característica de poder tener el dinero en bancos locales sin pagar impuestos, y sin preguntas incómodas sobre su procedencia, sumamos esas otras características aludidas, todo ello hace que, efectivamente, sean paraísos en todos los sentidos.

Desde el punto de vista económico un paraíso fiscal es un país que exime del pago de impuestos a los inversores extranjeros que mantienen cuentas bancarias o constituyen sociedades en su territorio. Sin embargo los ciudadanos y empresas del propio país si están obligados a pagar impuestos, como en cualquier otra parte del mundo. Solo los extranjeros gozan de una exención total, o casi total, siempre y cuando no realicen negocios dentro del propio paraíso fiscal. Es un sistema para atraer al país divisas extranjeras y fortalecer su economía.

Generalmente los paraísos fiscales son pequeños estados con pocos recursos naturales o industriales. Una forma para ellos de subsistencia, que en algunos casos se ha convertido en su principal actividad económica, es generar un abultado sistema financiero, de bancos y sociedades, que gestiona los patrimonios extranjeros.

Sin embargo hay una serie de características concretas que distinguen a un paraíso fiscal de un territorio de baja tributación. Para ser un verdadero paraíso fiscal, es necesario que se cumplan unos determinados requisitos:

  1. Los datos personales de propietarios y accionistas de las empresas no figuran en los registros públicos, lo que permite el empleo de los llamados representantes formales.
  2. Existen normas estrictas de secreto bancario. Los datos de los titulares de las cuentas sólo se facilitan a las autoridades si existen evidencias palpables de estar relacionados con delitos como el narcotráfico o terrorismo.
  3. No se firman acuerdos con terceros países que conlleven intercambios de información bancaria o fiscal.
  4. Se fomenta la estabilidad política y monetaria del país en cuestión para atraer la inversión de capitales extranjera.
  5. Son países que cuentan con una excelente oferta de servicios legales, contables y asesoramiento fiscal.
  6. Es sencillo y rápido la constitución de una sociedad mercantil.
  7. Son países que suelen tener una magnífica infraestructura turística y de transporte.

Es incuestionable que los paraísos fiscales atraen como la abeja a la miel, a numerosos inversores de todo el mundo. A veces capitales de origen dudoso que se refugian en estos pequeños estados distribuidos a lo largo y ancho del mundo, para evitar la voracidad tributaria de sus países de origen o alguna otra investigación sobre el origen del dinero.

Lo cual nos lleva a pensar que aquellos países con impuestos especialmente altos sobre las rentas del capital, especialmente Europa donde los tributos que paga una persona física o empresa pueden llegar al 50% de sus ingresos, tengan fugas de capitales. Esto es una realidad incuestionable. Solo en España, en 2012, se calcula que nos 60.000 millones de euros, salieron del país.

La fuga de capitales se considera una actividad delictiva y por lo tanto perseguida por las autoridades, ya que la fuga de dinero supone un menoscabo importante para la hacienda pública, y por lo tanto una merma de los ingresos del país.

Ahora bien los sistemas de inspección con los que cuentan los estados cada vez son más eficientes en la persecución de este tipo de comportamiento, y cada vez más el sistema sancionador se va endureciendo, incluso con la tipificación de delito y penas de cárcel. Las autoridades fiscales tratan de dificultar y hace imposible las transferencias de activos a los paraísos fiscales.

No obstante hoy vivimos en una economía globalizada, y es muy complicado controlar el movimiento del dinero. Tanto el Banco Mundial como la Organización Mundial del Comercio, además de la mayoría de gobiernos y grandes empresas o corporaciones, defienden la libre circulación de capitales, por lo que evitar la evasión de dinero se trata de una tarea ardua y complicada.

Es cierto que se están tomando medidas legales para dificultar la salida de capitales, pero no se está teniendo mucho éxito, debido principalmente a que en un paraíso fiscal es sencillo ocultar la titularidad de las empresas o cuentas bancarias. Es lo que se conoce como el secreto bancario. Una de las medidas que se están intentando poner en marcha para controlar la evasión de capitales es presionar a los gobiernos de los paraísos fiscales para que recorten sus leyes de confidencialidad y secreto bancario.

La estrategia de intentar conseguir un marco normativo internacional que luche contra la evasión y blanqueo de capitales, está siendo impulsada por organizaciones internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el G-20 y el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). La preocupación evidente es que a estos paraísos fiscales está llegando dinero directamente relacionado con actividades delictivas, como el narcotráfico, terrorismo internacional o de redes especializadas en blanqueo de capitales.

La solución es difícil porque, como hemos dicho, el convertirse en un paraíso fiscal es una salida para muchos países sin recursos. Su supervivencia como nación es lo que está en juego, al no tener otras alternativas económicas viables.

Geografía de los Paraísos Fiscales.

Los paraísos fiscales están distribuidos por toda la geografía mundial. Aunque no existe una lista unificada de paraísos fiscales, ya que cada país u organización aplica sus propios criterios de valoración. La clasificación más conocida es la de la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. La lista de paraísos fiscales fue elaborada por la OCDE, en al año 2000. Su última versión es de 2011.

La OCDE identifica 38 paraísos fiscales.

La mayoría de ellos se concentran en el Caribe, donde se identifican una multitud de pequeños estados-islas, o territorios dependientes de pero con una jurisdicción muy libre, es el caso:

  • Antillas Neerlandesas
  • Aruba 
  • Anguilla
  • Antigua y Barbuda
  • Bahamas
  • Barbados
  • Bermudas
  • Islas Caimanes
  • Granada
  • Jamaica
  • Islas Malvinas
  • Montserrat
  • San Vicente y las Granadinas
  • Santa Lucia
  • Trinidad y Tobago
  • Islas Turks y Caicos
  • Islas Vírgenes Británicas
  • Islas Vírgenes de EEUU
  • Republica de Panamá.

En Europa: Se identifican como paraísos fiscales:

  • Andorra
  • Chipre
  • Gibraltar
  • Malta
  • Islas de Guarmesey y de Jersey
  • Principado de Liechtenstein
  • Gran Ducado de Luxemburgo
  • Mónaco
  • San Marino
  • y la Isla de Man.

En Asia:

  • Bahrein
  • Brunei
  • Emiratos Árabes Unidos
  • Hong-Kong
  • Jordania
  • Líbano
  • Macao
  • Omán
  • Singapur
  • y las Islas Marianas

En África:

  • República de Liberia 
  • Islas Seychelles e Islas Mauricio.

En Oceanía:

  • Islas Fiji 
  • Islas Cook
  • República de Naurú
  • Islas Salomón
  • República de Vanuatu.

La lista de la OCDE no incluye otros paraísos fiscales, que sin embargo por su legislación bancaria y la facilidad de establecer capitales y sociedades, podrían ser considerados como tales, es el caso de Suiza, Madeira, Gambia, Samoa o Belize.

La importancia de los Paraísos Fiscales

Para hacernos una idea de la importancia los paraísos fiscales en el comercio mundial, se estima por el Comité de Expertos de París, que dichos enclaves acaparaban la mitad del comercio mundial ya a finales del siglo XX.

El Informe de Intermón Oxfam calcula que el valor de los depósitos de capitales en paraísos fiscales es de unos 24 billones de euros, lo cual significa que ocultan una tercera parte del PIB mundial. Igualmente este informe pone de relieve que una lucha decidida contra estos territorios liberaría más de 90.000 millones de euros que podrían ser utilizados para combatir la pobreza en el mundo. Desde el punto de vista de España, según datos facilitados por el Observatorio de Responsabilidad Corporativa, el 86% de las 35 mayores compañías españolas, que cotizan en bolsa, y se identifican con la Marca España, tienen algún tipo de filial en paraísos fiscales.

Para las empresas estar en paraísos fiscales supone reducir su factura fiscal, y por lo tanto mejorar su competitividad. Para los particulares, los paraísos fiscales ofrecen un camino seguro para evadir impuestos.

Allí pueden depositar su dinero con absoluta discreción, a salvo de la voracidad fiscal de sus países de origen. Además el secreto bancario y la opacidad, les garantiza la impunidad total. La fórmula más normal para esta estrategia son las llamadas sociedades offshore, que se pueden constituir en solo 48 horas, por 150 euros, sin apenas requisitos formales, y con máxima confidencialidad.

En la amplia distribución mundial de los paraísos fiscales, hay territorios especializados en fiscalidad empresarial como Jersey, Panamá o Liberia, otros que están más volcados en la gestión de grandes fortunas privadas, como es el caso de Mónaco, Andorra o la isla de Montserrat.

También hay modelos mixtos, el caso más significativo es el de las Islas Caymán, de mucho éxito, por cierto. Se debe, seguramente, a la belleza y atractivo de la isla, de forma que tendríamos la combinación perfecta: dinero y placer.

Existen también países llamados paraísos bancarios, como es el caso de Suiza o Luxemburgo, donde las cuentas bancarias están protegidas por el secreto y una fiscalidad prácticamente nula. Con la globalización y el desarrollo de tecnologías como internet ya incluso no es necesario desplazarse a lugares lejanos para constituir una sociedad o abrir una cuenta bancaria. Los costes de gestión para tener dinero en un paraíso fiscal se han abaratado y el procedimiento para abrir una cuenta es relativamente fácil de realizar, por lo que invertir en un paraíso fiscal está al alcance de casi cualquier persona.

Estamos en un mundo en el que podemos transportar nuestro dinero a la otra punta del globo, sin ver ni tocar un solo billete. Libre de controles, de impuestos y de miradas indiscretas, los paraísos fiscales se están multiplicando por todo el mundo. Lejos de desaparecer, lo previsible es su incremento. Y la tentación es irresistible.

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