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La utilidad de las mascotas para la salud y el bienestar y cómo superar su perdida

“¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.

- Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear vínculos... "

- ¿Crear vínculos?

- Efectivamente, verás -dijo el zorro -. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...” 

(Extracto de “El Principito” de Saint de Exupéry)

Desde tiempos remotos, el ser humano consiguió domesticar animales, tales como cabras, ovejas, perros y un largo etcétera. Los perros hoy día son unas de las mascotas más populares. Fueron usadas antaño en las labores de caza y como perros pastores. Asimismo ocurría con las aves rapaces que eran utilizadas en la cetrería, especialmente durante la Edad Media. En el Egipto de los faraones los gatos eran considerados animales sagrados y eran momificados y puestos en las tumbas. En la religión hinduista Ganesha es una deidad que toma la forma de un elefante. Como se puede observar, los animales han estado presentes en la vida del hombre desde prácticamente el comienzo de los tiempos.

Actualmente es bastante frecuente que poseamos animales domésticos y que sean entrenados con distintas finalidades. Así pues, tenemos el ejemplo de los perros cazadores, tales como los galgos, una raza que en nuestro país representa un ícono del maltrato animal y del abandono cuando, por su edad avanzada o merma en sus facultades, dejan de ser útiles para la caza. 

En cuerpos tales como la policía, bomberos y el ejército, existen unidades caninas que se encargan de detectar drogas, explosivos, buscar personas perdidas, rescatar personas ocultas sepultadas bajo escombros.

No olvidemos tampoco el caso aquellos animales, tales como perros o primates que asisten a los invidentes y a aquellos con incapacidades motoras.

Normalmente usamos la expresión “poseer un animal doméstico” y esto tiene unas connotaciones de que el animal es, como se dice en el ámbito jurídico, “una cosa” que te pertenece. Sin embargo, un animal no es una cosa. Los animales son seres que tienen comportamientos sociales complejos, emociones complejas, autoconsciencia, etc. En pocas cosas diferimos de ellos. 

Poco a poco, hemos tomado conciencia de la importancia de estos animales, puesto que son iguales que nosotros. Cada vez más se va reflejando en las legislaciones de muchos países que reconocen los derechos de los animales, protegiéndolos del maltrato y del abandono que, desgraciadamente, puedan sufrir por parte de unos dueños irresponsables, imponiendo sanciones legales a los mismos.

A veces compramos una mascota en una tienda de animales, la encontramos en la calle, la adoptamos porque han sido abandonadas. Los animales pueden sufrir traumas porque han sido maltratados, desnutridos, pueden estar heridos, tener enfermedades debido a la falta de responsabilidad de sus dueños. De este campo se ocupa la práctica veterinaria y la zoopsiquiatría, cuyo máximo representante es Patrick Pageat.  

Así que cuando “poseemos” una mascota tenemos una serie de responsabilidades, y éstas consisten en darle unos cuidados adecuados. 

Los beneficios de poseer una mascota desde el punto de vista del campo de la psicología son los siguientes:

En la mayoría de los casos, esta relación tiene una influencia psicológica tan beneficiosa que mejora el sistema inmune de las personas. 

Las personas que viven solas o que experimentan carencias afectivas pueden sentirse enriquecidas por el afecto y compañía de los animales domésticos.  Un recurso educativo para nuestros pequeños que les proporcionaran una rica experiencia para aprender valores, tan necesarios en nuestra sociedad, e inculcar responsabilidades y crear empatía.

Son usados en el campo de la psicología clínica para realizar terapias con niños autistas, personas con problemas psicológicos. Esto avala su valor como arma  terapéutica. 
Se ha demostrado que los perros ayudan a la socialización de sus dueños, e incluso que tener un perro es un reclamo para ligar. 

En resumen, podemos hablar de una relación de interdependencia, de vínculos, de relaciones afectivas. Cuando muere o desaparece una mascota sentimos un dolor emocional proporcional a los lazos emocionales que hayamos entablado con la misma. 

Por regla general, es más doloroso perder a un perro que a un pez o a un canario, dado que con el perro tenemos un contacto más directo, podemos tocarlo, jugar con él, obedece, responde a su nombre, mientras que el canario o el pez permanecen en una jaula o pecera, no los solemos tocar y ello crea una distancia psicológica. 

Sin embargo, cada persona es distinta y esta regla no siempre se cumple. Todo dependerá de la intensidad afectiva de la relación entre el animal y su dueño. Se produce un proceso de duelo, de pérdida irreversible de algo muy querido, al igual que ocurre con la pérdida de un familiar, amigo o cuando atravesamos una ruptura con nuestra pareja. Aunque la intensidad no suele ser la misma, a veces nos llama la atención el sufrimiento de la persona que ha vivido la pérdida y llegamos a pensar que es exagerado. Los hechos suceden y se acompañan de sentimientos que son únicos, pues las vivencias que los desarrollaron también lo fueron. En este asunto las varas de medir y comparar no funcionan. Cuando se muere una mascota sentimos un dolor emocional proporcional a los lazos afectivos que hayamos entablado con la misma. 

¿Cuáles son las estrategias para superar este duelo?

Comprar o adoptar otra mascota similar. Esto tiene sus pros y sus contras. Podemos acordarnos más del animal al que intentamos reemplazar y/o sustituir el valor afectivo que la misma nos proporcionaba. 

Comprar una mascota distinta que nos guste. Por ejemplo, sustituir a un perro por una cobaya u otro animal doméstico. Esto va a hacer que tengamos que descubrir cómo es, ocupar nuestro tiempo y darnos una afectividad parecida o similar. 

Permitirnos expresar la emoción, con nosotros mismos y otros, hablar de la pérdida y, en última instancia, como ya sabemos y se suele decir, el tiempo cura todas las heridas.
Recientemente, ha sido de notable repercusión mediática la noticia del sacrificio de Excalibur, el perro de la enfermera de Madrid que ha contraído el ébola, a través de una orden judicial, por sospechar que podía estar contagiado también. Se ha levantado una gran polémica entre los defensores de los derechos de los animales y dentro de la comunidad científica se han escuchado voces de expertos afirmando que el perro podría haber sido de interés científico en caso de estar infectado, para así poder recolectar datos tales como parámetros biológicos del virus y, por tanto, ser útiles para conocer mejor y dar un tratamiento más eficaz a la epidemia tan nefasta que ya ha aterrizado en Europa. Esto crea un dilema, tanto ético como científico, que choca con lo más íntimo del ser humano. ¿Y usted qué haría? ¿Cuál sería su decisión?

Este tipo de situaciones con animales, las de defender sus vidas, y concretamente la de Excalibur, también nos hacen reflexionar profundamente sobre cómo nos tenemos que relacionar con nuestros semejantes, entre nosotros mismos. Se nos ocurre plantear qué hubiera pasado si las vehementes protestas realizadas para salvar la vida de Excalibur, se hubieran producido para alentar la lucha del ébola en África. ¿Habría llegado la enfermedad a Europa?

Baltasar Gómez y Jesús Ortiz 

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