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La UE ¿vista para sentencia?

La idea que existe de la Unión Europea es la de una organización supranacional de países que se unen para defender sus intereses económicos frente a otros países o bloques creando un mercado único interno, donde desaparecen las fronteras y prevalecen las cuatro libertades esenciales de los tratados fundacionales:  

  1. La libre circulación de mercancías.
  2. La libre circulación de personas.
  3. La libre circulación de servicios.
  4. La libre circulación de capitales.

Ha sido un logro en Europa, después de dos guerras mundiales devastadoras, crear un espacio sin fronteras en el que las personas, mercancías, servicios y capitales circulan libremente.

La libre circulación de mercancías en esencia supone lograr la unión aduanera y por lo tanto crear un espacio sin fronteras interiores. Hay algunas excepciones a la libertad de mercancías. Determinados territorios de los Estados, como los de ultramar y las regiones ultraperiféricas (Canarias, Ceuta y Melilla, Azores y Madeira), tienen regímenes especiales.

Aunque la libre circulación de mercancías puede prohibirse o restringirse en algunos casos (protección de la salud, preservación de la vida vegetal, protección del patrimonio histórico, etc), no puede constituir un medio de discriminación arbitraria ni un modo encubierto de restricción indebida o ilícito de la libertad de comercio y libre competencia.

Los productos agrícolas se rigen por normas particulares de la Política Agraria Comunitaria (PAC) y tienen una regulación, en cuanto a la libre circulación de mercancías, muy restrictiva.

La libre circulación de personas es un elemento esencial para la consolidación del mercado interior. Se concreta básicamente en la posibilidad de desplazamiento y residencia de los nacionales de los Estados miembros de un Estado a otro para desarrollar actividades económicas.

La libre circulación de servicios teóricamente no tiene ninguna limitación, salvo las lógicas por razones de orden público, seguridad y salud públicas, etc.

Finalmente la libre circulación de capitales abarca desde los movimientos de capitales que supongan inversiones directas, incluidas las inmobiliarias, hasta la prestación de servicios financieros o la admisión de valores en los mercados de capitales.

Estas cuatro libertades han sido los pilares de la construcción europea en sucesivos tratados. En este contexto hay dos tratados fundamentales en la aceleración de este proceso: El Acta Única Europea (A.U.E) firmada en 1987; y el Tratado de la Unión Europea (T.U.E.) firmado en 1992. Estos dos tratados prepararon las bases para que, en época ya muy reciente, se haya consolidado definitivamente la Unión Económica y Monetaria.

En este marco teórico de libertades y tratados, la Unión Europea se configura como un extenso territorio constituido por Estados miembros y regiones que, a su vez, presentan varios niveles de desarrollo económico y social.

Según su nivel de desarrollo podemos distinguir:

-Países más desarrollados: Gran Bretaña, Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Estos países además de tener sistemas democráticos avanzados, han desarrollado procesos de modernización tecnológica e innovación.

  • Países intermedios: Italia, España, Portugal, Grecia e Irlanda. Son países que económicamente están sufriendo políticas de ajustes muy duras, debido a su déficit estructural. Viven un proceso de modernización, basado en el desarrollo de nuevas tecnologías e innovación, pero esta modernización convive con sectores en crisis, en proceso de desmantelamiento o reconversión.
  • Países menos desarrollados: En este bloque están la mayoría de países procedentes de la Europa del Este que se han integrado en la Unión Europea, como Polonia, Republica Checa, Rumania, o Bulgaria. Son países que han vivido un proceso muy reciente de reconversión de una economía planificada a un modelo económico liberal, de apertura al exterior.

No cabe duda que los distintos niveles de desarrollo de los países, y de las regiones, crea en la Unión Europea profundos desequilibrios regionales que a su vez generan tensiones entres los Estados miembros, siempre y cuando no existan políticas efectivas para su nivelación o convergencia de las regiones más pobres con la media de los indicadores de desarrollo de la Unión Europea.

Para solventar los desequilibrios territoriales, la Unión Europea ha desarrollado la llamada Política Social y Regional (PRS), que busca:

  • Favorecer el desarrollo de las regiones menos desarrolladas o poco pobladas.
  • Incentivar el pleno empleo de la población europea y la inserción laboral.
  • Aumentar la preparación y cualificación de los trabajadores.
  • Prohibir cualquier tipo de discriminación en la contratación de trabajadores por nacionalidad, raza, religión, etc.
  • Reconvertir las áreas industriales en crisis.
  • Desarrollar las áreas rurales.

Para ello, la PSR, cuenta con dos tipos de fondos financieros:

  • Los Fondos Estructurales que pretenden corregir los déficits estructurales de las regiones menos desarrolladas y que incluyen el Fondo de Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola (FEOGA), y el Instrumento Financiero de Orientación de la Pesca (IFOP).
  • Los Fondos de Cohesión: Estos fondos se crearon para ayudar a los países más atrasados de forma que estuviesen preparados para la implantación del euro. En la actualidad estos fondos se destinan a los nuevos socios que han ingresado recientemente en la U.E., y a las regiones con un PIB inferior al 75% de la media.

Distribución Regional de la Riqueza en la U.E.

Cabria preguntarse si la U.E. ha logrado a través de estas políticas y mecanismos puestos en marcha reducir los desequilibrios y diferencias de los países más pobres respecto a los más ricos, o entre las regiones. Indudablemente esta cuestión se analiza ahora desde el punto de vista de las políticas de ajuste que la U.E. y, particularmente, Alemania, está imponiendo a los países periféricos, políticas que están agudizando aún más el abismo existente entre países ricos y países pobres o menos desarrollados en el seno de la U.E.

La distribución regional de la riqueza en la U.E. no ha evolucionado como sería de esperar. El desarrollo económico se ha concentrado en los centros más dinámicos, mientras que se ha ido acentuando el declive de las regiones periféricas.

Las políticas de integración económica están favoreciendo el dinamismo económico de los espacios centrales, mientras que numerosas regiones periféricas europeas cada vez tienen mayores dificultades para competir en un mercado cada vez más integrado y, por lo tanto, converger hacia Europa.

La paradoja es que la integración que se persigue va asociada a un proceso de divergencia económica de las regiones. Territorialmente las disparidades económicas internas de cada país están aumentando en la medida que se queman etapas de integración.

Muchas regiones se están quedando como espacios aislados con poca capacidad para competir en una economía cada vez más integrada y globalizada. Es indudable que la política de convergencia de la U.E. está siendo cuestionada por muchos estados miembros, especialmente aquellos con su economía intervenida, o países sometidos a políticas de ajustes fiscal que impiden su recuperación económica.

Es muy probable que la consecuencia de mantener estas políticas en la U.E. pueda ser que la convergencia entre países ricos y menos ricos disminuya. Que las diferencias se acentúen. Lo mismo ocurre en el seno de las regiones. La divergencia parece que es lo que hoy predomina en Europa.

Se está construyendo dos Europas, una rica que converge y se integra, y otra pobre, que no crece, se aleja cada vez más del centro económico, y se estanca.

En este contexto, las tensiones nacionales y regionales en el seno de la U.E. no paran de crecer. Hay numerosas voces que ya claman en muchos estados europeos que la salida de la U.E. es la única solución para abordar los problemas de la economía. En algunos otros casos, la desafección y el escepticismo respecto a la U.E. se propaga entre los ciudadanos de forma mayoritaria.

La divergencia es aún mayor entre las regiones. Claramente podemos hablar de regiones ricas y regiones pobres. Las diferencias de renta son notables, y a nivel regional la divergencia es el denominador común.

Las regiones más pobres de Europa están en los países del Sur y en los de Europa del Este: España, Portugal, Grecia, Italia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Estonia, Lituania, Letonia, Eslovaquia y Eslovenia, son los países con mayor número de regiones con rentas que no llegan al 75% de la media europea y, por lo tanto, beneficiarias de los Fondos de Cohesión.

En España con estas características están Andalucía, Extremadura, las dos Castillas y Galicia.

Participación de las Regiones en la U.E.

Teóricamente las regiones tienen un mecanismo de participación en la toma de decisiones en la U.E. A través del principio de subsidiariedad consagrado en el Tratado de Lisboa, los Estados deben consultar a los Parlamentos Regionales en la medida de que los acuerdos afecten a una determinada región, o atender las iniciativas legislativas de dichos Parlamentos, incorporando sus puntos de vista a las propuestas.

Este principio solo es aplicable en aquellos estados con regiones dotadas de autonomía legislativa, que no son todos, por lo que muchas regiones europeas quedan al margen de este principio por no ser aplicable jurídicamente en su territorio.

Por lo tanto, la U.E. no ha sido todavía capaz de arbitrar un sistema eficaz de participación política de las regiones en los asuntos y decisiones de la misma. Estamos aún en un proceso muy embrionario para que las regiones tengan incidencia o influencia en el proceso legislativo de la U.E.

El Comité de las Regiones es un órgano consultivo que representa a los entes regionales y locales de la Unión Europa, como tal no tiene funciones ejecutivas, por lo tanto no tiene capacidad para tomar decisiones. Su labor es la exponer los puntos de vista regionales y locales sobre la legislación de la U.E. que les afecte, mediante dictámenes no vinculantes.

La influencia de las regiones en la toma de decisiones de la U.E. es muy escasa. Los mecanismos de las regiones para influir en las decisiones de los Estados, dependerá en cada caso.

Lo que parece evidente es que la política económica y social de la U.E. cada vez se concentra más en los centros de poder y en las economías centrales, en perjuicio de la periferia.

Esta tensión periferia-centro, puede hacer peligrar los principios de en que se basa la U.E. Hoy día las fuerzas disgregadoras cada vez son más fuertes. Las tendencias nacionalistas que están surgiendo con fuerza en determinados países como forma de oponerse a las políticas que llegan desde Bruselas, están logrando cada vez más base social.

Divergencia y disgregación son dos fuerzas poderosas que puede hacer saltar por los aires la Unión Europa, sumadas a crisis económica y políticas de ajuste… Estamos sentados ante un barril de pólvora?

Parece evidente que si no hay un giro notable de las políticas de la U.E. respecto a los países y regiones periféricas, el barril podría estallar en cualquier momento.

¿Es posible un paniberismo?

Dante, Il Sommo Poeta