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La tolerancia religiosa en el islam: Las otras religiones

El Islam, una de las grandes religiones monoteístas del mundo, en constante proceso de expansión, con presencia en todos los continentes y prácticamente en todas las naciones, vive actualmente un momento de gran controversia. Para algunas mentes conservadoras, su expansión se ve como algo peligroso que pone en cuestión los logros alcanzados por la civilización occidental. Para otros sectores, más abiertos a la tolerancia y a la convivencia multiconfesional, el futuro de la humanidad está en la integración de sociedades, culturas y religiones, lo cual no significa asimilación acrítica de las culturas minoritarias.

Bajo este punto de vista, parece que evolucionamos hacia un modelo de sociedad multicultural y multiconfesional, aunque también se apunta a una sociedad aconfesional, donde el peso de la religión y su papel en la sociedad va a ser muy poco relevante en el futuro.

El desarrollo tecnológico y científico pone en cuestión las creencias basadas en un dios supremo que creó el mundo y reveló la verdadera religión al hombre. El agnosticismo, el declive el pensamiento mítico y religioso, va paralelo a la tecnificación de la sociedad y el desarrollo científico.

Izquierda: Mártires Iglesia, a la derecha: Mezquita Gueliz Gueliz, Marrakech Marruecos.

Pero esto es así en los países musulmanes? Actualmente hay una enorme diversidad de situaciones. Desde países donde se tolera la presencia y el culto de otras religiones, a otros absolutamente refractarios a permitir la libertad de culto. En algunos países que se confiesan aconfesionales el islam es la religión mayoritaria, y la presencia de otras religiones, aun siendo minoritarias, llevan decenas de años y la población lo ve como algo normal. Es el caso de países como Argelia, Túnez o Marruecos.

Sin embargo hay otros casos que el estado se declaran como estados islámicos, siendo el Islam la religión oficial. En la mayorías de las Repúblicas o Monarquías Islámicas la interpretación del Islam es rigorista, y la aplicación de las normas casi literal, con lo cual muchas de ellas pueden parecen anacrónicas en los tiempos que corren. La libertad de culto no existe y la presencia de otras religiones no se da en la práctica.

Siendo el arco de países musulmanes tan amplio, desde el norte de África, África central y oriental, próximo oriente, gran parte de Asia, e importantes minorías de población musulmana en Europa y América, especialmente los EE.UU, la casuística es enorme y variada. Podríamos hablar incluso de estados más progresistas y otros más conservadores en el tema religioso, tanto en su actitud hacía otras religiones, como en otros muchos temas, como por ejemplo el papel que asignan a la mujer en la sociedad.

El mundo ha girado históricamente entorno a las tres grandes religiones monoteístas que, curiosamente, tienen un tronco común.  En las tres el hombre accede a la verdad de su propia esencia y la del universo a través de un acto divino como es el de la revelación.

La divinidad elige en cada una de ellas a un hombre para que transmita la verdad a los demás hombres. En el Cristianismo, Dios se hace hombre en Jesús de Nazaret. En el judaísmo son los grandes profetas del Antiguo Testamento los encargados de revelar la verdad a los hombres. Y Mahoma es el gran profeta de la religión islámica.

Estos son los elegidos por Dios para transmitirles un conjunto de normas morales y éticas que los hombres han de seguir para su salvación.

Una vez conocido el mensaje, los profetas tienen la obligación de difundir la palabra de Dios en la sociedad humana, y captar el mayor número de creyentes posibles.

La palabra revelada es sagrada e incuestionable. Queda fijada por escrito en un LibroSagrado. Para los cristianos es la Biblia y fundamentalmente el Nuevo Testamento, donde Jesucristo a través de un método pedagógico y sencillo, parábolas, va revelando la palabra divina.

Para los judíos es la Torah, donde quedan escritas las leyes y la palabra de Dios. Para los musulmanes es El Corán, el libro donde se expresa Dios a través de Mahoma, su profeta.

Estos libros sagrados transmiten un mismo mensaje al hombre: el mensaje de la paz, la ayuda mutua, la solidaridad humana, el sacrificio y el esfuerzo personal, la oración, la generosidad hacia los demás, etc

Es un mensaje de esperanza repleto de valores para hacer un mundo mejor y evitar los conflictos tanto entre países como personales. Los distintos contextos históricos donde se producen las revelaciones divinas son convulsos, carentes de normas y seguridad, donde la vida humana tiene muy poco valor. Se trata de ordenar la convivencia, darle un valor supremo a la vida humana, evitar el derramamiento de sangre, hacer posible una convivencia pacífica en la sociedad.

Independientemente de la transmisión de valores, hay un mensaje de esperanza que se traduce en un premio tras la muerte. En las tres religiones la idea del paraíso está presente. De esta forma el sufrimiento en la tierra es soportable. La idea de que si aceptas tu destino, tendrás tu recompensa en el más allá, es una de las ideas fuerza que explica el hecho de que la religión y las creencias religiosas se hayan utilizado, históricamente, por el poder político para ejercer el control social.

El premio se basa en la conducta personal, no social. Si te comportas como un buen cristiano, como un buen musulmán, o buen judío, tendrás abiertas las puertas del paraíso.

Es la filosofía de la aceptación del destino, tanto si es bueno o es malo, como si estás en la cúspide o en la más absoluta pobreza… Es el destino que Dios ha querido para ti. Esta idea ha generado un inmovilismo social que ha durado siglos. Las sociedades han ido avanzando lentamente, mediante pequeños progresos y reformas. El verdadero despegue se produce cuando en Europa la sociedad se desvincula del poder e influencia de la religión, y elabora un discurso muy fundamentado en el cual las creencias religiosas pasan al universo privado y salen fuera del ámbito público.

El laicismo es una ideología que se va abriendo paso en la Europa de la Ilustración gracias a los grandes pensadores franceses del siglo XVIII. En la actualidad es evidente que la religión tiene ya poca influencia en Europa. Los estado europeos, mayoritariamente, han apostado por la separación iglesia-estado, y han construido sociedades laicas. Sin embargo no parece que haya existido la misma evolución en los países musulmanes, donde la religión impregna casi todo los comportamientos sociales e, incluso, tiene un enorme peso en la interpretación de la justicia.

Históricamente la convivencia entre las tres religiones no ha sido fácil. Se puede explicar a fenómenos expansionistas y conquistas territoriales. Cada religión se ha expandido por áreas circundantes y fronterizas con las otras, con lo cual los choques eran inevitables. También han existido los prejuicios y los miedos atávicos entre las distintas religiones, lo que ha desembocado en persecuciones sangrientas, como los progroms contra los judíos que se documentan por toda Europa desde la Edad Media, hasta llegar al paroxismo con los campos de concentración nazis, o la expulsión de los moriscos de España y, posteriormente, de los judíos, etc.

La historia de la convivencia entre las tres religiones está salpicada de hechos violentes, de fanatismo religioso e intolerancia, con gloriosas excepciones.

La concepción fuertemente monoteísta de las tres religiones ha derivado en el hecho de que cada una de ella crea firmemente estar en posesión de la verdad absoluta y abominar de las demás. El sectarismo religioso ha excluido literalmente la posibilidad de un acercamiento y conocimiento entre las distintas confesiones religiosas. Al ser sistemas cerrados, el hombre se integraba en el mismo con la admisión de la única verdad y la superioridad de la religión que profesaba respecto de las otras.  Por otra parte las minorías si deseaban integrarse en la sociedad no tenían otra forma de hacerlo que reconocer esta superioridad, convirtiéndose a la religión dominante. Históricamente se han vivido episodios de conversión masiva, como las poblaciones cristianas que quedaron en los territorios conquistados por los árabes en el Península Ibérica, o en territorio cristiano, la conversión forzada de los moriscos o judíos al cristianismo.

No obstante también es cierto que en imperios multinacionales, como fue por ejemplo el imperio otomano, se desarrolló un sistema de tolerancia religiosa, social y cultural, donde distintos grupos convivían de forma pacífica y aceptaban de forma positiva la diversidad.

También tenemos ejemplos en la Península Ibérica en la época del Califato de Córdoba, o en el reino de Castilla con Alfonso X el Sabio, y la escuela de traductores de Toledo.

Para abordar el tema de la tolerancia del Islam respecto a las otras religiones, básicamente a las dos hermanas llamadas del libro: cristianismo y judaísmo, deberíamos acercarnos al concepto de tolerancia.

La tolerancia, según Kamal Mejahdi en su ensayo “la tolerancia en la historia musulmana” se puede identificar como la actitud personal de no interferir en la conducta desaprobada. Desde este punto de vista es esencial tener el poder y el saber para tener una actitud tolerante.

Puede ser una práctica tolerante ante la conducta desaprobada, absteniéndonos de intervenir para evitar dicha conducta, aun teniendo el poder y el saber. El caso de los poderes públicos que toleran determinadas prácticas sociales aun pudiendo y sabiendo cómo evitarlas.

O puede ser una posición personal que adoptan los individuos que se abstienen de intervenir. En este caso se trata más bien de una posición interior que frena el deseo de intervenir.

A la hora de acometer un análisis de la tolerancia religiosa en el Islam, hemos de diferenciar entre la tolerancia política que en determinadas épocas históricas y, aun actualmente, en muchos estados árabes y musulmanes, se tiene con otras confesiones religiosas, y la tolerancia personal que el individuo tiene ante la presencia de religiones no musulmanas, en su entorno cercano.

La religión musulmana, como todas las demás, vino para afirmar una verdad absoluta, que se apoya en el hecho de que no hay más Dios que Allah y que no hay ningún otro profeta que haya revelado su palabra, más que Mahoma. Sin embargo el monolitismo de estas posiciones ha ido dejando espacio a un cierto relativismo en lo que se ha denominado el humanismo árabe de los primeros tiempos y que, aún influye hoy día, entre los intelectuales proclives a una interpretación más abierta del Corán.

Sin embargo más allá de que, actualmente, los estados modernos árabes admitan la presencia de otras confesiones religiosas en el seno de su sociedad y territorio, no podemos dejar de constatar las evidentes tensiones que se producen periódicamente debido al hecho de que la tolerancia como estado no está admitida soccoialmente, aunque pueda estarlo la práctica de la misma. Estas tensiones se ponen de manifiesto en diversos países árabes, como en Egipto con la minoría copta, o en Pakistán contra los hindúes, o Líbano, Siria, etc. Sin embargo en otros países como es el caso de Marruecos, las tres religiones llevan una coexistencia pacífica de siglos.

La existencia de un clima de tolerancia precisa de dos condiciones: por un lado la voluntad del individuo de ser tolerante, y por otro, esta voluntad individual debe estar enmarcada en la voluntad política y colectiva a nivel del Estado, con leyes permisivas que admitan la diversidad religiosa, y no la persigan, seguridad jurídica para los no musulmanes, protección de sus bienes, negocios, etc., libertad de culto, libertad de expresión, de reunión…para las minorías religiosas, etc.

Estas condiciones solo son posible en estados democráticos. De forma que podríamos establecer ya por principio que es condición sine qua non tener una estructura democrática para hablar de verdadera tolerancia hacia las confesiones religiosas minoritarias dentro de los estados musulmanes. La evolución de los países musulmanes hacia sociedades democráticas modernas, afianzará la tolerancia social y política hacia la diversidad de los no musulmanes.

Es cierto que en los primeros tiempos del nacimiento del Islam, como una gran civilización y cultura mundial, las sociedades que se iban formando conocieron espacios notables de intercambio de opiniones y pluralidad cultural, y estuvieron liberadas de los sistemas teológicos excluyentes que aparecieron mucho más tarde.

Por lo tanto es un mito la idea de que la religión musulmana es excluyente y sectaria. El Corán es sumamente respetuoso con las otras creencias ya que, en este terreno, su discurso se basa en dos principios básicos: el de la no coacción religiosa y el de la dignidad humana.

Respecto a la primera idea, el Corán admite la imposibilidad de imponer la creencia, y la irracionalidad de imponer las reglas de la chari´a a quien no cree en ella.

Estos versículos coránicos no dejan lugar a dudas:

“No está permitido forzar a nadie a creer (2:256)
“Si tu Señor hubiera querido, todos los habitantes de la Tierra habrían creído. Tú (Muhammad) no podrás hacer que los hombres crean aunque se lo impongas” (10:99)
“Y diles: La verdad proviene de vuestro Señor. Quien quiera cre er que crea y quien no quiera, que no lo haga” (18:29).

Respecto a la segunda idea, en el Corán subyace la idea de que la dignidad humana está en cualquier hombre, incluso si es un no creyente.

La convivencia de las sociedades islámicas con las minorías religiosas, especialmente judía y cristiana, se fue articulando en base a una doble estrategia: la tolerancia y la diferenciación social. Los cristianos y judíos eran tolerados, pero vivan aparte, tenían sus propios barrios, sus lugares de culto eran respetados, pero también sostenían al estado con sus impuestos. Los matrimonios mixtos estaban descartados, a no ser que alguno de los cónyuges se convirtiera al Islam, especialmente si era un hombre el que quería desposar a una mujer musulmana.

Los no musulmanes se fueron integrando en las sociedades musulmanas por razones puramente pragmáticas. Aportaron recursos económicos con sus impuestos y fueron empleados en la burocracia estatal o las ciencias. Todo esto hizo consolidar el marco de la tolerancia, hasta que razones morales revisaron profundamente el Islam vaciándolo, en muchos casos de su contenido originario, aplicando la yihad de una forma negativa y excluyente hacia los no musulmanes.

El principio de no coacción consolidado en los primeros tiempos, y mantenido durante siglos parece haber saltado por los aires en algunos estados musulmanes que se han ido cerrando a cualquier influencia exterior.

Actualmente el panorama es diverso. La conclusión es que aquellos países de religión musulmana que avanzan en la dirección de construir sociedades democráticas, respetan el hecho diferenciador de las distintas confesiones religiosas, más allá de conflictos políticos, como el que enfrenta a los estados árabes e Israel.

Sin embargo, incluso en los países musulmanes democráticos, surgen movimientos más o menos radicalizados que abogan por un Islam rigorista y excluyente. En algunos países esta concepción del Islam está imponiéndose, o es ya una realidad. En estos casos, la presencia de las otras religiones es imposible.

El Islam es una de las grandes religiones del mundo. No se trata de retomar los enfrentamientos del pasado. La tolerancia con las creencias de los seres humanos a nivel individual y a nivel de pueblos, es esencial. En Europa hay un sentimiento cada vez mayor de rechazo hacia los musulmanes europeos. Esta situación es apoyada por toda clase de movimientos racistas y xenófobos, genera el enfrentamiento entre culturas y formas de entender el mundo que no deben ser, en ningún caso, excluyentes, sino más bien complementarias.  

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