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La solución nunca será definitiva

El error de fondo, es creer en la solución definitiva, Con lo sencillo y elemental que es admitir, que no existen soluciones definitivas. Y menos, en el País Vasco. Una sociedad plural como la nuestra, con proyectos contrapuestos cuando no incompatibles, solo puede convivir y avanzar, haciendo concesiones mutuas, renunciando en la práctica a su objetivos máximos y relegándolos a los principios doctrinales donde no creen excesivos problemas. Así ha sido hasta ahora y lo seguirá siendo en el futuro. Lo contrario sería una catástrofe. Querría decir que alguien ha conseguido eliminar a alguien, en el sentido político. Ese país no sería ya el País Vasco que tanto amamos y defendemos. Sería otra cosa distinta, aburrida y sin ningún interés. Por eso decía que frente a la claridad, a nosotros nos hace falta la ambigüedad y la provisionalidad. No son males a eliminar, sino los mecanismos que hacen que el país funcione, que la gente conviva, que nunca se llegue al borde del precipicio.

Por eso, para los sabios y pragmáticos antepasados juristas, no existía en el diccionario la palabra solución, y solo se habla de arreglo. Era lo más útil para sus intereses, el problema permanecía siempre abierto y el arreglo siempre era provisional. Mientras servía a sus intereses, era válido, pero sí, las circunstancias cambiaban, procedían a un nuevo arreglo que les beneficiase. Si hubieran resuelto el problema, no habría justificación para los arreglos ni el contundente argumento del problema que podía convertirse en gran conflicto, si ellos no lo mantenían controlado a cambio de un buen acuerdo.

Aunque en el fondo, todo aquello tenía el tufillo de la componenda interesada y era un trato entre los que mandaban en los territorios forales y en Madrid, sin que sus representados tuviesen ni información, ni participación en el asunto. A pesar de ello, el concepto del arreglo encierra un conocimiento del país y una visión de los problemas y de la política muy superior al de la solución definitiva.

Hoy las cosas son distintas. Los acuerdos son producto de la democracia y su contenido depende de la correlación de fuerzas y en definitiva, del voto ciudadano, por lo que ya no son posibles arreglos a espaldas de la sociedad.

Aun así, el concepto tradicional de arreglo aplicado a la relación del País Vasco y el gobierno central, sigue siendo un término que se adapta mejor a nuestros problemas, que el término solución constante, y abusivamente utilizado sin ninguna convicción.

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Conflicto Olvidado, Chechenia