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La psicofarmacología

Antipsicóticos

El descubrimiento de la clorpromazina en los años cincuenta por el Dr. Henri Laborit y su posterior empleo en pacientes esquizofrénicos con exitosos resultados, hizo posible que muchos pacientes con esta patología pudieran salir de las instituciones psiquiátricas y llevar una vida relativamente normal. Más tarde salió el haloperidol, otro antipsicótico y un largo listado de otros fármacos con las mismas propiedades que revolucionaron la psiquiatría. Estos fármacos se basan en la premisa de la bio-psiquiatría, que postula que determinadas enfermedades están claramente relacionadas con anormalidades en los neurotransmisores y trastornos de naturaleza psicobiológica. Y la psicofarmacología atacó ese campo.

Hasta entonces los tratamientos para los esquizofrénicos era encerrarlos en manicomios, aplicarle camisas de fuerza en casos de agitación, lobotomías y otras técnicas que quedaron obviamente descartadas con el descubrimiento e invención de estos nuevos fármacos antipsicóticos. 

El mecanismo de acción de los antipsicóticos era bloquear los receptores de la dopamina. Se ha podido comprobar que drogas como la cocaína o las anfetaminas, las cuales aumentan los niveles de dopamina en el cerebro provocaban psicosis. 
Sin embargo, estos fármacos, aunque eran bien útiles, causaban gran cantidad de efectos secundarios, tales como ganancia de peso, hiperprolactinemia, discinesia, efectos extrapiramidales, parkinsonismo, etc.

A partir de los años 70, se inventa la clozapina, un antipsicótico atípico, pues no sólo bloqueaban la dopamina, sino que tenían algunas acciones sobre la serotonina. Eran igual de efectivos que los antipsicóticos típicos para tratar los síntomas positivos de la esquizofrenia (delirios, trastornos del pensamientos, alucinaciones) así como para tratar los síntomas negativos (retraimiento social, dificultad para experimentar placer, etc)  A pesar de representar un gran avance a nivel terapéutico, esta nueva generación de fármacos no estaba desprovista de efectos secundarios. 

Dentro de este grupo de fármacos encontramos la risperidona, olanzapina, quetiapina, aripiprazol...

Antidepresivos

Los antidepresivos se usan principalmente para tratar los trastornos depresivos y también los trastornos de ansiedad (trastorno de pánico, trastorno de ansiedad generalizada, trastornos obsesivos compulsivos, además de la fobia social). Y son otra área de la psicofarmacología 

Hablaremos de los primeros antidepresivos, que fueron descubiertos accidentalmente en la década de los cincuenta, eran fármacos usados para la tuberculosis, tales como la iproniazida o la imipramina. Los médicos pronto se dieron cuenta de que sus pacientes tenían un ánimo mejor. Estos antidepresivos, junto con un grupo más se llaman antidepresivos tricíclicos.  Funcionaban bien, pero tenían efectos secundarios tales como sequedad de boca, taquicardia y efectos cardiovasculares. Aunque la mayoría de estos antidepresivos han quedado en desuso, todavía se sigue usando la clomipramina para casos de trastorno obsesivo compulsivo resistente a otros antidepresivos más actuales. 

Los inhibidores de la monoaminoxidasa eran también fármacos utiles, pero que tenían como contrapartida que había que seguir una dieta estricta sin tiramina, es decir, sin tomar queso o vino tinto, la mezcla podía producir peligrosas crisis hipertensivas. 

Hablaremos ahora de los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina. Estos fármacos han sido diseñados en laboratorio para poder aumentar los niveles de serotonina en el cerebro. La serotonina es un neurotransmisor relacionado con los estados de animo, de sueño-vigilia y de apetito ingesta. Se ha corroborado, tras realizar autopsias de suicidas, que tenían unos niveles deficientes de serotonina en el liquido cefalorraquideo. Por tanto, la hipótesis de que la serotonina estaba implicada en la depresión y en los trastornos de ansiedad comenzó a barajarse. 

Los principales y más usados son la fluoxetina, que salió al mercado en el 1987, y después fueron saliendo la sertralina, la paroxetina, el citalopram, el escitalopram... 
Los efectos secundarios de estos fármacos son mucho más leves que los anteriores. La fluoxetina es tal vez el más activante. La paroxetina es el más sedante y el que mayor disfunción sexual provoca (anorgasmia, eyaculación retardada). Por regla general estos son los fármacos de primera linea en el tratamiento de los trastornos depresivos y de ansiedad. 
El uso y el abuso de medicamentos es algo que no nos es ajeno, y principalmente entre estos fármacos el numero de prescripciones va in crescendo cada año.

La psicofarmacología cosmética

Aboga por el uso de psicofarmacos para potenciar las capacidades humanas. Así pues, individuos sin ninguna patología los toman para tener un mejor ánimo, para optimizar sus capacidades de trabajo, etc. Es controvertido, pues se trata de un uso incorrecto, que carga con cuestiones éticas discutibles, pues todo fármaco puede provocar efectos secundarios y daños iatrogénicos. 

También existen los antidepresivos duales, tales como la venlafaxina y la duloxetina, cuyo mecanismo de acción afecta a dos neurotransmisores: la serotonina y la noradrenalina. 
Existe otro grupo de antidepresivos como la mirtazapina, la trazodona... que tienen otro mecanismo de actuación más específico y perfiles distintos. 

Eutimizantes

Un eutimizante es un regulador del estado de ánimo. Hace que el ánimo se mantenga equilibrado, evitando los polos mania-depresión. Se usan fundamentalmente en el tratamiento de los trastornos bipolares y en otras patologías donde existe trastorno afectivo. 
El eutimizante por excelencia es el litio. En la década de los cuarenta John Cade en Australia pudo comprobar la eficacia del litio para tratar la psicosis maniaco-depresiva. 
Hay que decir que los pacientes con trastornos bipolares no tienen deficits de litio, sin embargo, se pueden beneficiar del consumo de litio. Es un fármaco eficaz, pero tiene dos inconvenientes. Uno de ellos es que la dosis terapéutica está próxima a la dosis letal. Por ello es preciso hacer una estricta monitorización de los niveles de litio en sangre para evitar niveles tóxicos. El otro inconveniente son los efectos secundarios: diarreas, temblor en las manos, malestar...que

Por estas razones, y a pesar de su efectividad, el litio ha quedado prácticamente en desuso en la psiquiatría actual, quedando reservado para casos de trastorno bipolar rebelde o asociado a otras patologías.

Se dice que todos los fármacos antiepilépticos tienen propiedades eutimizantes y los psiquiatras los prescriben para los cuadros bipolares. Los más eficaces son el acido valproico, carbamazepina. oxcarbazepina, lamotrigina. Estos han sido los que han mostrado mayor eficacia en estudios. 

No obstante, los psiquiatras prescriben otros antiepiléticos para los cuadros psicopatológicos donde hay fluctuaciones anímicas tales como topiramato, pregabalina, gabapentina, cuya eficacia no ha sido demostrada. Sin embargo, siguen prescribiéndolos con los mismos fines y en algunos casos dan resultados positivos. 

Tranquilizantes

En los años cuarenta y cincuenta se prescribían los barbitúricos, que tenían un escaso margen terapéutico, y cuya sobreingesta en no muy grandes cantidades conducía a la muerte. Recordemos el caso de la actriz Marilyn Monroe, que murió de una sobredosis de barbitúricos.

En 1955 se sintetizó la primera benzodiacepina, el clordiazepóxido, en 1963 el diazepam y en los siguientes años el mercado vio la aparición de otras benzodiazepinas como el lorazepam, bromazepan, clorazepato dipotásico, clonazepam, alprazolam...

Las benzodiazepinas exhiben cinco propiedades: anxiolíticas, relajantes musculares, amnésicas, hipnóticas, y anticonvulsivas. La ventaja de las benzodiazepinas es que tienen un amplio margen terapéutico. Su mecanismo de acción es aumentar el GABA en el sistema nervioso. El GABA es un neurotransmisor inhibitorio, que seda al sistema nervioso central.  Las benzodiacepinas se usan en cuadros de ansiedad, fobias, status epiléptico y son altamente eficaces y tienen un comienzo de acción rápido siendo una gran ventaja en la psicofarmacología.

El problema de las benzodiacepinas es que su consumo continuado provoca dependencia física y psicológica. No se recomienda su toma durante más de 4 o 5 semanas. Sin embargo, nos encontramos con gran cantidad de usuarios que llevan consumiéndolas durante años.
A la larga producen deterioro cognitivo y recientemente se ha comprobado que su consumo está correlacionado con la aparición de problemas cardiacos.


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