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La innovación económica en América latina

América Latina es reconocida en el mundo por ser un conjunto de países productores de materias primas fácilmente identificables como el café, cobre, soja, o petróleo. Sin embargo en las economías latinoamericanas el peso del talento, la creatividad o la innovación apenas son considerados. Tampoco se pone en valor el potencial que tiene su rico acervo cultural, mezcla de culturas e influencias diversas.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se ha marcado como un objetivo crucial asociar el patrimonio artístico y cultural de América Latina con el crecimiento económico, facilitando los instrumentos necesarios para el resurgir de las industrias culturales como un boyante sector en la economía, otorgándole el peso y la importancia que debe tener en el conjunto.

El concepto de economía creativa ligada al desarrollo económico de la región pone en valor el patrimonio cultural y el talento de jóvenes formados y altamente cualificados para lograr un impulso de las economías nacionales, y por lo tanto de la región en  su conjunto.

El BID, a través de su Informe sobre la Economía Naranja, demuestra sin lugar a dudas el peso y la importancia que tiene la economía creativa en América Latina.

En este Informe se desarrollan siete ideas básicas para consolidar una industria de la creatividad en función de las características culturales de cada país. Estos principios son llamados las siete íes: información, instituciones, industria, infraestructura, integración, inclusión e inspiración.

Parece que teniendo en cuenta estos factores en su conjunto, e integrándolos adecuadamente, se podrán lograr objetivos como mejores empleos, mejor calidad de vida y una sociedad mucho más dinámica y rica en ideas que, después, obviamente, repercutirán en los diversos sectores productivos.

Otra idea básica para hacer avanzar a las economías de los países latinoamericanos es la competitividad. No hace falta repetir el concepto ya manido de que vivimos en un mundo globalizado y, a veces, despiadado, donde las leyes del mercado son las que se imponen inexorablemente sobre los individuos y los pueblos. En este marco hay países que están perdiendo oportunidades únicas de posicionarse adecuadamente en el nuevo escenario que se adivina para el futuro. Hay regiones enteras que están quedándose retrasadas, y América Latina corre el riesgo de no aprovechar adecuadamente sus oportunidades ante las nuevas regiones emergentes que están surgiendo de Asia y del Pacífico.

La creatividad, aprovechando el talento, la innovación y la competitividad serán los tres factores claves para competir en este mercado. Los países asiáticos hace ya tiempo que han apostado por ello, e invierten mucho dinero de su PIB en mejorar la educación y la competitividad.

Hoy día los mejores sistemas educativos del mundo ya no están en Europa o los EEUU, están en Corea, Japón y China. Por poner un ejemplo, los alumnos japoneses y coreanos son los que a nivel mundial tienen el nivel más alto en matemáticas, comprensión lectora e interpretación de ideas complejas.

Las tasas más altas de competitividad igualmente están en Japón, Corea, Singapur, Taiwan, etc.

Hay países que están desarrollando tecnologías propias en el campo de la ingeniería como India. Es notable observar como los ingenieros indios están entre los profesionales más cualificados y solicitados del mundo en el campo, obviamente de la ingeniería.

Por lo tanto, la conjunción de estos tres factores claves, creatividad, innovación y competitividad es lo que hace que un país quede relegado a ser un consumidor de tecnologías o a ser un productor de las mismas.

El Consejo de Competitividad e Innovación de América Latina han establecido 10 principios para hacer una región más competitiva y próspera. Entre otras cosas, los países latinoamericanos, en el Informe Señales de Competitividad de las Américas-2012, se comprometieron a:

-Promover la educación de alta calidad como factor clave para el desarrollo de los países latinoamericanos.

-Fortalecer el establecimiento de instituciones responsables de promover la competitividad, con participación directa del sector privado. Fortalecer las alianzas público-privadas para resolver temas de competitividad a medio y largo plazo. Es evidente que hay que promover cambios legislativos y fiscales, lograr mayor integración económica de la región, mayor potencia exportadora, diversificación de las economías nacionales, apostar por apoyar a sectores estratégicos, etc.

-Promover un marco institucional y regulatorio simple, estable y eficiente para los negocios e inversiones, a través de la transparencia en la gestión gubernamental. Este aspecto es muy importante para atraer inversores. Hay que dar estabilidad y seguridad jurídica, simplificar el marco normativo, luchar contra la corrupción a todos los niveles, etc. Por lo tanto el fortalecimiento del estado de derecho en América Latina es algo fundamental, así como hacer los mercados más competitivos, y promover conductas éticas en el ámbito público y privado.

-Priorizar el desarrollo de capital humano y potenciar la formación continua en el ámbito laboral, para la adquisición de nuevas competencias con la finalidad de adquirir habilidades de clase mundial, lo que permitirá a las empresas competir mejor y más eficazmente en el mercado global. Estas competencias van destinadas a mejorar el nivel de cualificación profesional de la base social de las empresas latinoamericanas para que puedan salir al exterior sin complejos y en igualdad de oportunidades.

-Impulsar el desarrollo de las infraestructuras, dentro de los países y entre países. Fomentar la adopción de las nuevas tecnologías, incluyendo las ya famosas TICs.

-Apostar decididamente por la innovación y el emprendimiento de alto impacto. Este elemento es un factor esencial para hacer un país más competitivo. Para ello hay que comprometer fondos, tanto públicos como privados, en investigación y desarrollo.

-Mejorar el acceso al capital de los actores económicos, especialmente de las Pymes y los emprendedores. Hay que aumentar igualmente la inclusión financiera mediante mecanismos públicos-privados.

-Fomentar la equidad, la inclusión, el emprendimiento social, la adopción del principio de responsabilidad social empresarial. Promover la sostenibilidad de los proyectos, y otros valores como la igualdad de oportunidades, y la igualdad de género que se convertirán en factores esenciales para mejorar la productividad y competitividad de la región.

-Impulsar decididamente el comercio e integración regional. América Latina debería actuar ya como un mercado regional unido, como hace la Unión Europea. Los servicios y productos de alto valor agregado y calidad, ayudan a mejorar la imagen. También  sería muy interesante potenciar la internacionalización de las empresas y su participación en las cadenas de valor globales.

-Finalmente, los países latinoamericanos participantes en el Consejo de Competitividad e Innovación se comprometieron a promover la eficiencia y el desarrollo energético para lograr la sostenibilidad ambiental, económica y social. El objetivo es tener economías de bajos niveles de carbono.

En estos 10 principios que se quieren impulsar para potenciar la productividad y competitividad de la región se encuentran los siete principios de lo que ya se denomina la Economía Naranja.

Solo es necesario promover el sector creativo y cultural, ligado a la historia y patrimonio cultural de estos países, aplicándoles estos principios para hacer crecer el PIB de Latinoamérica. 

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