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La debacle Egipcia

Carlos Delgado: Egipto, país clave en todo lo que ha venido ocurriendo en Oriente Medio en los últimos cincuenta años, ha estallado. Una enorme ola de protesta social se extendió como la pólvora contra el régimen de Mubarak, logrando el derrocamiento del Presidente y su posterior procesamiento por la justicia.

Cuando toda la opinión pública pensó que por fin el país se encaminaba hacia una democracia a través de reformas en su sistema político e institucional llegó, de nuevo, la decepción.

Las elecciones convocadas por el gobierno provisional las ganó con amplia mayoría el Partido Libertad y Justicia, fundado por los Hermanos Musulmanes. Morsi fue elegido como el primer Presidente salido de unas elecciones libres en Egipto.

Morsi presidió un gobierno que rápidamente tuvo una deriva autoritaria congelando las numerosas reformas que la oposición reclamaba como indispensables para modernizar el país, y lograr la recuperación de la economía.

Los recientes acontecimientos hablan por sí solos. Una nueva revolución social, apoyada por las Fuerzas Armadas, derroca a Morsi e instaura un nuevo gobierno provisional donde figura como vicepresidente el Jefe del Estado Mayor del Ejército. Teóricamente este gobierno controlará el proceso de transición de Egipto hacia la democracia con la convocatoria de unas nuevas elecciones.

El embajador de Egipto en España, Ayman Zaineldine ha negado que el derrocamiento del presidente Mohamed Morsi fuera un golpe de Estado ya que según él “el Ejército no ha tomado el control del país”, además de defender que si el Ejercito intervino fue por el clamor contra la reforma constitucional y la deriva económica del país.

Obviamente los Hermanos Musulmanes no han aceptado la intervención militar contra Morsi, y las protestas y enfrentamientos entre ambos bandos, o entre los Hermanos Musulmanes y los militares son continuos, poniendo al país al borde de la confrontación civil.

Lo primero que a cualquier observador le llama la atención son las consecuencias económicas que el clima de inestabilidad permanente puede tener para país. Y éstas necesariamente no pueden ser buenas.

La agencia Fitch ya ha rebajado de B a B- la nota crediticia de Egipto por los sucesos de los últimos días. Hay una enorme preocupación por lo que va a pasar con el sector turístico, uno de los más dinámicos de la economía egipcia. Todos confían que el turismo no entre en caída libre, lo que supondría una auténtica debacle para la ya maltrecha economía de Egipto. La esperanza es que sus principales mercados emisores, el británico y el alemán, empiecen a mandar turista al país en invierno, cuando la situación “haya mejorado” según ha reconocido un portavoz del nuevo gobierno provisional. Dicho portavoz también reconoció que la cancelación de reservas por parte de operadores y agencias europeas estaba siendo cuantiosa, lo cual no es de extrañar dado que muchos países han desaconsejado a sus ciudadanos visitar el país de las pirámides mientras continúe la inestabilidad política y social.

El pasado miércoles 3 de julio, las Fuerzas Armadas derrocaron al Presidente Mohamed Morsi que, no lo olvidemos, era el primer jefe de Estado elegido en unas elecciones libres tras el golpe de estado militar que derrocó al dictador Hosni Mubarak. Fue la culminación de un proceso que empezó con una enorme presión social en las calles. El 29 de junio miles y miles de manifestantes, reunidos en el Plaza de la Liberación, exigían la renuncia del Presidente Morsi.

Las manifestaciones contra la política autoritaria de Morsi y su gobierno convocaron a millones de manifestantes en todo el país, cuyos organizadores aseguraron haber recogido 22 millones de firmas para la revocación del Presidente. En esos momentos de crisis del gobierno, numerosos ministros y altos cargos de la Administración dimitieron, como suele suceder. Ya hemos visto casos parecidos en otros países árabes.

Debido al deterioro de la situación del país y al incumplimiento de las promesas de Morsi de iniciar reformas verdaderamente democráticas, Abdul Fatah al-Sisi, Jefe de las Fuerzas Armadas de Egipto, dio un ultimátum para la renuncia del gobierno. Finalmente, ante el incumplimiento del requerimiento hecho por el Ejército, Morsi fue derrocado, y detenido el 3 de julio.

Morsi era el candidato del partido Libertad y Justicia, fundado por los Hermanos Musulmanes, en las últimas elecciones que lo llevó al poder. Era considerado como un político moderado dentro del radicalismo del movimiento islamista. Por esta razón Occidente lo apoyó, como mal menor, y lo consideró el candidato idóneo para reconducir la situación del país.

Se buscaba el perfil de un político dialogante que no echara por tierra las relaciones que Egipto mantenía con los EEUU, ni pusiera en peligro los acuerdos de paz firmados con Israel. Egipto es una pieza fundamental para el mantenimiento de la estabilidad en el Medio Oriente. Por otra parte era considerado un político capaz de frenar las posiciones más radicales dentro de su partido.

Desde el principio su gobierno tuvo que hacer frente a una situación económica desastrosa, con un desempleo desbocado, aumento de los precios de productos básicos, carestía de gasolina lo que ponía en peligro el sistema productivo, etc.

El descontento social era evidente, y era cuestión de tiempo que la situación se volviese incontrolable. Por otra parte, la política interna de Morsi se orientó a aumentar la influencia del Islam en la sociedad egipcia. Siendo Egipto uno de los países más liberales del Islam, este nuevo giro hacia posiciones conservadoras tuvo un amplio rechazo social.

Rápidamente Morsi intentó acumular todo el poder en la figura del Presidente. Se promulga una Ley el pasado mes de noviembre mediante la cual se concentran nuevos poderes en la figura del Presidente, como el poder de supervisión y la inmunidad legal para su persona.

Toda esta situación empieza a generar una enorme tensión social. La gente se pregunta en las calles si se ha derrocado a un dictador (Mubarak) para poner a otro.

La frustración y el desencanto por las medidas del gobierno son evidentes. Nace un movimiento de resistencia y oposición al gobierno llamado Tamarod (rebelión en árabe). El movimiento Tamarod fue fundado en abril de 2013 por los miembros del Movimiento Egipcio por el Cambio, una plataforma que se formó en el año 2004, para impulsar la reforma política bajo la presidencia de Mubarak.

El pasado mes de junio significó el principio del fin de Morsi. Las manifestaciones se extienden por todo el país. En la Plaza de la Liberación de El Cairo se manifiestan decenas de miles de personas, con el apoyo explícito de los militares. Las protestas se suceden en Alejandría, Port Said, Suez, etc.

Indudablemente los partidarios del Presidente Morsi no se quedan de brazos cruzados. Se concentran en varios puntos de la ciudad de El Cario, y las manifestaciones se tornan violentas, con enfrentamientos, a veces armados, entre ambos bloques.

En la mañana del 1 de julio los manifestantes contrarios a Morsi asaltan y saquean la sede nacional de los Hermanos Musulmanes en El Cairo. Ese mismo día se produce el ultimátum del Ejército al Presidente Morsi, pidiéndole su renuncia inmediata en el plazo de 48 horas, para responder a las demandas del pueblo egipcio. En ese mismo comunicado, emitido por el Jefe de las Fuerzas Armadas Egipcias, se dice claramente que el Ejército intervendrá, anunciando una hoja de ruta para el futuro, si las demandas del pueblo no son atendidas.

La situación se complica aún más cuando el Presidente Morsi se declara “Presidente legítimo” y se niega a cumplir el ultimátum de las Fuerzas Armadas, llegando incluso a manifestar que estaba dispuesto a proteger su cargo “con su propia sangre”.

Los militares lanzan de forma inmediata un mensaje titulado “Las Horas Finales” en el que aseguraron estar dispuestos a derramar su sangre contra los “terrorista y los necios”.

El 3 de julio, ante la negativa del Presidente a dimitir, el Ejército se reúne con varias fuerzas políticas nacionales para trazar la hoja de ruta a seguir. En esa reunión se forma una coalición entre el Frente de Salvación Nacional de Mohamed el-Baradei, el movimiento Tamarod de Mahmoud Bahr, el Partido al-Nour de Younes Makhioun, la Autoridad Islámica de al-Azhar de Ahmed el-Tayeb, y la Iglesia Copta del Papa Teodoro II.

Mientras millones de manifestantes contrarios a Morsi se volvían a concentrar en la plaza Tahrir de El Cairo. Ese mismo día el Presidente fue detenido en el Palacio de Gobierno por los militares, y conducido al Ministerio de Defensa.

El artífice del golpe de Estado, el general al-Sisi anunció en la televisión pública el derrocamiento oficial del Presidente Morsi y su gobierno. Así mismo anunció la suspensión de la Constitución, la Convocatoria de Elecciones y el nombramiento de un Gobierno Provisional presidido por Adli Mansour, Presidente del Tribunal Constitucional.

En estos momentos el Ejército controla completamente el país y tutela el periodo de transición que debe culminar en unas elecciones libres, la formación de un nuevo gobierno, y el inicio de un nuevo periodo constituyente.

Quedan en el aire muchos interrogantes. Que podemos esperar de un país que ha quedado tan profundamente dividido. La fractura social en Egipto es evidente. Los Hermanos Musulmanes ya han manifestado, por activa y por pasiva, que no aceptan el golpe de estado y no reconocen al nuevo Gobierno Provisional que gobierna esta etapa de transición. Para ellos, Morsi sigue siendo el Presidente legítimo de Egipto y exigen a los militares su inmediata reposición en el cargo.

El caldo de cultivo para un enfrentamiento civil está servido. Ya se han producido los primeros choques entre los partidarios de Morsi y los militares, con víctimas mortales. Un ejemplo sangriento fue la jornada del 8 de julio cuando los Hermanos Musulmanes llamaron a una especie de intifada contra las fuerzas armadas e intentaron asaltar un cuartel de la Guardia Republicana. El Ejército respondió y causó más de 50 muertos, y cerca de 450 heridos entre los asaltantes.

Lo que todos los analistas se preguntan es si estamos ante el inicio de un conflicto interno en Egipto que aún no se sabe las proporciones puede tener y hasta dónde puede llegar. Es evidente que Egipto juega un papel clave en la estabilidad regional de Oriente Medio. Es el único país árabe que ha firmado un acuerdo de paz con Israel, y es un poderoso aliado de los EE.UU en su política de desactivación del conflicto árabe-israelí.

No estamos ante la revuelta en un pequeño país. La influencia de Egipto en el mundo árabe es fundamental desde su independencia.

La Liga de Estados Árabes, con sede precisamente en El Cairo, ya ha manifestado su honda preocupación por los acontecimientos internos de Egipto, requiriendo a las autoridades que eviten un baño de sangre, y solucionen pacíficamente los graves problemas políticos, económicos y sociales del país.

Egipto cuenta con una población que supera los 85 millones de personas, y una alta tasa de natalidad. Es uno de los países más poblados de Oriente Medio y África. Representa también la segunda economía de África por PIB.

El clima de convulsión social ha paralizado la inversión extranjera y ha afectado muy negativamente al sector turístico, vital en la economía egipcia.

El desempleo ha llegado al 13,6%. Dos de cada cinco egipcios viven con menos de dos dólares al día, y la tasa de malnutrición de los niños menores de 5 años llega al 31%.

La tasa de crecimiento se ha reducido del 7% en 2008, al 2% para este año. La caída del turismo ha generado mucho desempleo en el sector de la hostelería, muchos hoteles y restaurantes han cerrado ante la ausencia de turistas.

Según los datos disponibles, desde la caída de Mubarak, la reserva de divisas se ha reducido en un 50%

La situación económica y el clima de permanente inestabilidad política y social, pueden llevar a Egipto por un sendero que nadie quiere y de consecuencias imprevisibles.

Habrá que esperar a los próximos meses para ver si los militares cumplen su promesa de garantizar la celebración de elecciones libres, y finalmente se retiran del primer plano de la vida política. También habrá que estar muy atentos a la actitud del movimiento islamista que puede cuestionar el resultado de esas elecciones al no aceptar el golpe de estado que los ha sacado el poder en Egipto.

Todos estos factores, más la situación económica interna muy deteriorada, serán claves en la evolución de Egipto en los meses venideros. Queda por ver si los egipcios son capaces de construir una sociedad basada en principios democráticos, o por el contrario la tragedia del enfrentamiento civil se enquista en el país. Esperemos que no, y Egipto logre superar la crisis interna en la que vive desde hace ya algunos años.

Los hermanos Musulmanes. Al – Ijwan al Muslimin

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