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El poder de la autosugestión.

Aquello en lo que creemos tiene un inmenso poder sobre nuestra salud, puede hacernos enfermar o sanarnos, puede disminuir las defensas de nuestro sistema inmunológico o acelerar el curso de una enfermedad degenerativa. Muchos profesionales de la salud se han preguntado cómo usar ese inmenso poder en beneficio de sus pacientes, o bien al contrario, cómo frenarlo cuando lo que creen es perjudicial para ellos mismos.

El doctor Robert Buckman es uno de los pioneros que trata de hacer un uso clínico de este poder. Oncólogo del Hospital Princess Margret de Toronto, ha realizado investigaciones con los más diversos tipos de placebos para evitar a sus pacientes tratamientos agresivos como la radiación o la quimioterapia y sus efectos secundarios. Para ello ha puesto en marcha estrategias como la administración de pastillas de azúcar, cremas refrescantes, inyecciones de suero fisiológico, equipos de ultrasonido desconectados o simulacros de operaciones quirúrgicas. Los resultados obtenidos ofrecen, de media, que una de cada tres personas se ha beneficiado del efecto placebo (1).

Pero el poder de autosugestión puede actuar en dirección contraria. En un famoso artículo de 1992 aparecido en la revista científica Southern Medical Journal, se describía el caso de un hombre diagnosticado con cáncer al que se le hizo el grave pronóstico de que moriría en unos meses, como así sucedió. Lo sorprendente fue observar en la autopsia que el tumor no había crecido ni era el responsable de su muerte, que no existían causas patológicas que lo explicaran (2). Su convicción en la muerte inminente pudo ser la auténtica causa de su muerte. Investigaciones posteriores sugieren esa dirección, pero profundicemos en el poder de la autosugestión antes de abordar el debate.

El efecto placebo

Cuando un estudio científico investiga la calidad de un fármaco una de sus objetivos es descartar que los resultados se deban al efecto placebo  y no a las cualidades del fármaco, es decir, se trata de averiguar que el alivio de los síntomas de la enfermedad se deben a la acción de la sustancia ingerida y que no son resultado de la percepción de los pacientes de estar recibiendo una intervención terapéutica.

El efecto placebo no sólo supone un alivio de los síntomas subjetivos del paciente, sino que también puede traducirse, y de hecho suele hacerlo, en cambios fisiológicos. No es que el paciente sienta, de modo totalmente subjetivo, que se encuentra mejorado, que su enfermedad ha amainado de algún modo, sino que auténticamente ha sanado, que objetivamente se han producido los cambios fisiológicos que han restablecido su salud.

El efecto placebo es por lo tanto una de las pruebas de la concepción integral que confiere carácter de unidad a la mente y el cuerpo, lo que podríamos llamar la perspectiva  Cuerpo-Mente.

Un estudio de importancia histórica es el encabezado por Bruce Moselley. Un total de 180 pacientes con osteoartirits de rodilla (una enfermedad que afecta al cartílago que amortigua las articulaciones) se dividieron en tres grupos.

Dos de los grupos serían sometidos a dos tipos diferentes de intervención real (un desbridamiento y un lavado). Un tercer grupo sería sometido a una operación falsa. Los pacientes entrarían en el quirófano, se les realizaría una escisión superficial y se volvería coser la herida. Pasados 24 meses se evaluaron a los sujetos pasando escalas de dolor y de función, así como realizando pruebas objetivas de caminar y subir escaleras.

De los 165 que terminaron el estudio ninguno reportó menor dolor o mejor función que el grupo placebo. Los resultados fueron sorprendentes y produjo un interés por el estudio científico de la autosugestión, especialmente de las implicaciones para la salud (3).

El efecto nocebo

El efecto nocebo podría definirse como el reverso del placebo. Si éste último induce a la curación, el primero conlleva la enfermedad. La persona que espera una evolución desfavorable puede autoinducir dicho proceso. Pero el efecto nocebo va más allá de empeorar un organismo ya en mal estado de salud agravando su pronóstico, sino que también es capaz de generar síntomas reales de enfermedades donde no existen.

En una investigación de Ikemi y Nakagawa se trabajó con una muestra de 57 sujetos experimentales, todos ellos niños alérgicos a una determinada sustancia contenida en una planta. Tras administrarles contacto con la planta por frotamiento con el antebrazo, el 87’5 % de los niños mostraron reacciones alérgicas. Sin embargo, la sustancia usada para el contacto no se trataba de la planta, sino de un falso alérgeno que no debía ni podía provocarles una reacción alérgica. (4)

Otro caso de interés histórico es el  documentado por Klopfer, en el que se relatan las vicisitudes de un paciente de cáncer afectado de un linfosarcoma. El hospital en el que se encontraba ingresado puso en marcha estudios para el análisis de la eficacia de un prometedor nuevo fármaco en la lucha contra el cáncer: Krebiozen (5).

Dado el estado terminal del paciente los médicos no habían planificado que participara en el estudio, sin embargo, dada su denodada insistencia logró hacerlo. A los tres días de recibir la primera inyección comenzó a mostrar mejorías visibles, siendo capaz de incorporarse de la cama. Pocos días más tarde el tamaño de los tumores había disminuido y se mostraba más enérgico.

Al cabo de dos meses la mejoría era total. Sin embargo, en los medios circulaba la noticia del fracaso del medicamento. Lo que algunos sectores de la medicina y la industria farmacéutica habían vendido como una gran esperanza comenzaba a demostrarse como un fiasco. Al conocer las noticias, la fe del paciente se tambaleó y pronto comenzó a empeorar gravemente de nuevo.

El médico que lo trataba, consciente de la relación entre la creencia de su paciente y los efectos curativos del fármaco, le aseguró que su hospital gozaba de una versión privilegiada de la sustancia, más poderosa y concentrada, que dentro de las pruebas preliminares se habían probado diversas medidas y ellos habían tenido la suerte de hacerlo con esa versión. A partir de entonces comenzaron a inyectarle dosis de agua durante dos meses que le hicieron recobrar y mantener  la salud nuevamente.

Las investigaciones del resto de hospitales clarificaron la situación definitivamente y el paciente tuvo constancia de cómo la nueva droga no se incorporaba al mercado. Su inutilidad quedaba científicamente demostrada. Ante dicha evidencia, su fe se desmoronó por completo, y en cuestión de días murió. (6)

Los casos precedentes generaron varias investigaciones que han desembocado en un debate. Por ejemplo, en el caso de los pronósticos de cáncer se considera ético, si el médico lo sabe con cierta seguridad y el paciente consistente en saberlo, darle a conocer cuánto tiempo se estima que le queda de vida, para así poder poner en orden su cotidianidad, despedirse, enfrentar lo inevitable con mayor dignidad.

Pero conocerlo, en el caso de que el pronóstico fuera errado, ya que no se trata de una ciencia exacta, puede encender los mecanismos del efecto nocebo. En la actualidad, algunos hospitales trabajan en técnicas de prevención del nocebo, como la aplicación de técnicas como mindfulness, relajación o tareas distractoras.

Usando el poder de la autosugestión

El problema radica en que no es tan fácil como puede parecer en un principio utilizar el poder de la autosugestión para mejorar nuestra vida. Fundamentalmente, se trata de un mecanismo inconsciente, creemos auténticamente algo y ese algo condiciona lo que percibimos e incluso lo que somos.

Como hemos visto antes, creer que soy alérgico a una  sustancia que contacta con mi piel puede hacer que manifieste erupciones frente a algo inofensivo.  Pero también pudimos comprobar en el dramático caso relatado por Klopfer, como el paciente empeoraba a tenor de las dudas. Así, que sugerirnos a nosotros mismos una determinada idea no nos convierte automáticamente en esa idea. No podemos decirnos voy a reforzar mi sistema inmunológico o voy a frenar esta enfermedad.

Podemos recurrir al engaño, como en la fábula de la película Dumbo, donde a un pequeño elefante se le hace creer que poseyendo una pluma mágica puede volar y así lo hace. Cuando la pierde su confianza es tal que continúa volando. El veterano de la Segunda Guerra Mundial, Silvester Cooligan fue falsamente operado en la rodilla por Moseley y aún continúa podando personalmente el césped de su casa sin molestia alguna en las rodillas (7). Por su puesto, conoce sobradamente que su operación no fue real sin que por ello haya dejado de beneficiarse del efecto placebo.

Pero hay otros caminos para usar el poder de la autosugestión. Uno de ellos es la base de una afamada técnica de relajación llamada el Entrenamiento Autógeno.

Su creador, el neurólogo Johannes Schultz investigó lo que podrían llamarse síntomas de un estado relajado, es decir, aquellas sensaciones que una persona altamente relajada describe en su organismo: su cuerpo, pero especialmente sus extremidades se sienten pesadas, la temperatura de la piel se eleva un poco, generándose una agradable calidez, a la vez que se siente un ligero frescor en la frente y el corazón se enlentece, entre otras.

De esta forma creó un programa en el que el practicante se adiestra en autosugerirse verbal y mentalmente, como si se tratara de un hipnotizador, dichas sensaciones: brazos pesados, calidez en la piel, frescor en la frente, etc.  Al cabo de tan sólo seis semanas de entrenamiento, realizando dos sesiones de autosugestión de entre cinco y diez minutos cada día, los practicantes son capaces de autoinducirse estados de relajación profunda en escasos minutos, aumentando considerablemente su capacidad de afrontar el estrés.

Basta con que se den escasas “órdenes” a sí mismos para que su cuerpo se relaje. Para explicar el proceso algunos hipnotizadores recurren a la metáfora del itinerario.

Imagine que ha de ir desde su casa a un punto que se encuentra a unos treinta minutos andando. Imagine con detalle el camino. Abre la puerta, baja las escaleras, atraviesa tal calle, gira hacia un lado, sigue recto, vuelve a girar, etc, etc.

Si lo hace por primera vez tardará un tiempo considerable en recorrer mentalmente el camino. La segunda vez que lo haga tardará un poco menos. Si lo realiza múltiples veces, en pocas décimas de segundo será capaz de realizar al detalle el itinerario sin saltarse ningún paso. La evolución en la eficacia de ese recorrido mental es la misma que sucede con la sugestión.

Una vez que sabemos el poder de la autosugestión, sabemos algo más del poder de la creencia y el engaño. De alguna forma la realidad que vemos es en parte inventada, generada por nuestras propias creencias, por nuestras propias mentiras o medias verdades. Le invitamos a crear una realidad mejor a través de cambiar sus creencias y a estar en guardia frente a las creencias que puedan inocularle desde fuera. No es fácil convertirnos en nuestros propios hipnotizadores, pero irónicamente, lo hacemos cada día sin saber cómo. 

  • (1) Las personas interesadas en ampliar información de otras investigaciones sobre el efecto placebo, pueden consultar: The role of expectancies in the placebo effect and their use in the delivery of health care: a systematic review. Por  R. Crow; H. Gage;S. Hampson;J. Hart; A. Kimber; H. Thomas de la University of Surrey,Systematic Review Group Publicado en Marzo de 1999. Al que se puede acceder desde la página: http://www.nets.nihr.ac.uk/programmes/hta
  • (2) Meador, C. K. (1992). Hex death: voodoo magic or persuasion?. Southern medical journal, 85(3), 244.
  • (3) “A CONTROLLED TRIAL OF ARTHROSCOPIC SURGERY FOR OSTEOARTHRITIS OF THE KNEE”. J. Bruce Moseley, M.D., Kimberly O'Malley, Ph.D., Nancy J. Petersen, Ph.D., Terri J. Menke, Ph.D., Baruch A. Brody, Ph.D., David H. Kuykendall, Ph.D., John C. Hollingsworth, Dr.P.H., Carol M. Ashton, M.D., M.P.H., and Nelda P. Wray, M.D., M.P.H. The New England Journal of Medicine 2002; 347:81-88
  • (4)Ikemi, Y., and Nakagawa, S. A psychosomatic study of contagious dermatitis. Kyushu Journal of Medical Science. 13, 1962, p. 335-350. Cit. en Abstracts of Periodical Literature. Psychosomatic Medicine. Vol. XXVI, Nº 2, 1964. p. 184. Y en Lipton, Bruce H. Bhaerman, E. La biología de la transformación: Como apoyar la evolución espontánea de nuestra especie. La Esfera de los Libros, 2010. p. 55.
  • (5) http://en.wikipedia.org/wiki/Krebiozen
  • (6) Edward F. Kelly y Emily W. Kelly. Irreducible Mind: Toward a Psychology for the 21st Century Rowman & Littlefield, 2007.  800 páginas.  Página 145.
  • (7) Quien desee ampliar información puede acceder en el siguiente enlace a un texto divulgativo aparecido en el magazine del diario El Mundo, basado en el más extenso texto de Raul Serrador Almudever, Placebo, de Editorial La Máscara; del que ha sido extraído este fragmento.
  • http://www.elmundo.es/magazine/m75/textos/placebo1.html

Carlos López Castilla es Psicólogo, Psicoterapeuta y formador. Co-Director de C.A.I.P. Centro Andaluz de Intervención Psicosocial

 www.centropsicosocial.es / www.psicologoinfantilsevilla.es

 

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