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El auge de la extrema derecha en Francia

El auge de la extrema derecha en Francia

La extrema derecha en Francia se articula en torno al Frente Nacional (FN), fundado por Jean Marie Le Pen cuando en 1983 logró unificar a los distintos grupos que hasta ese momento actuaban cada uno por su cuenta. Le Pen tuvo el carisma necesario para aglutinar a toda la extrema derecha francesa y también para lograr el reconocimiento como líder indiscutible de la misma. Es en ese mismo año de 1983 cuando el FN logra vencer en las elecciones municipales de Dreux, pueblo perteneciente aldepartamento de Eure-et-Loir, en la región del Centro de Francia.

Este primer triunfo electoral del FN fue un evento sin precedentes en la historia moderna de Francia. Hasta ese momento la extrema derecha había tenido una presencia testimonial en las calles, y ninguna representación institucional. Jean Hieaux, que fue elegido alcalde del FN, permaneció en el puesto hasta 1995. En 1984, un año después de la victoria de Dreux, el FN obtuvo el 10% de los votos en las elecciones europeas. Este triunfo fue consolidado dos años más tarde cuando el FN obtuvo 35 escaños en las elecciones legislativas francesas, bajo la apelación a la “Concentración Nacional”, que incluyó al partido partidario de la restauración monárquica de Georges-Paul Wagner.

Una de las características del FN han sido las continuas escisiones en su seno. En 1999 Bruno Mégret se sale del partido para crear el Movimiento Nacional Republicano, aunque esto no impidió que ambos partidos concurrieran juntos en las elecciones legislativas de 2007, cuando Mégret aceptó el apoyo de la candidatura de Le Pen para la elección presidencial. En las elecciones presidenciales de 2007 Le Pen solo alcanzó el 10,4% que comparado con el sorprendente 16,9% conseguido en 2002, supuso un descenso considerable.

Este fracaso electoral del FN fue confirmado en las elecciones legislativas de 2007, donde, en la segunda vuelta, el partido de la extrema derecha francesa solo obtuvo el 0,08% de los votos y, por lo tanto, ningún escaño en la Asamblea Nacional.

Estos fracasos electorales dejaron al FN sin la base económica suficiente para poder seguir en la actividad política. Se vieron obligados a vender parte del patrimonio para obtener financiación. En 2008, Le Pen preparó su sucesión. Había dos candidatos que se perfilaban como claramente favoritos: la propia hija de Le Pen, Marine Le Pen, y Bruno Gollnisch. Este último fue condenado por un tribunal francés en enero de 2007 por negar el Holocausto, con lo cual la sucesora de Le Pen fue su propia hija Marine.

Desde que se hizo cargo de las riendas del partido

Marine ha intentado seguir una estrategia más suave para limar un poco la imagen del FN, muy ligada al racismo y a la xenofobia, ya que el punto central del discurso del FN ha estado orientado a expulsar de Francia a los inmigrantes y cerrar las fronteras a cal y canto.  El discurso populista y primario es el que en realidad le ha dado al FN su base social y electoral en Francia. El mensaje que se transmite es sencillo “Francia para los franceses”, y de gran eficacia. La idea fuerza de que los franceses van primero y que Francia no puede solucionar los problemas del tercer mundo llenándose de inmigrantes, caló profundamente entre sectores de la clase media siempre temerosa de perder sus empleos y status de vida en tiempos de crisis.

Hoy día en Francia la dolorosa realidad es que los grupos neonazis están multiplicándose, y que el fascismo es un fenómeno creciente en el país. Los ataques degrupos neonazis a los inmigrantes son frecuentes. Desgraciadamente el mensaje de intolerancia y odio racial parece penetrar con fuerza en una parte de la juventud francesa.

La sociedad francesa denuncia, frente a estos ataques, la pasividad de las autoridades. Sobre Francia actualmente vuelve a caer la sombra del regreso de la extrema derecha como una fuerza capaz de volver a las instituciones e influenciar en la política del país.

El discurso de la extrema derecha francesa es simple pero contundente. Se resume en:

  • Muchos franceses sienten que están sufriendo los efectos de una inmigración incontrolada que ha llenado el país de extranjeros, y culpan a estos colectivos de todos sus males.
  • La idea de que Francia va a la deriva si no recupera su identidad nacional, para lo cual es necesario afianzar todos los aspectos que definen esta identidad, lo que es incompatible con la cultura mestiza y la sociedad multicultural que se quiere imponer.

Estas ideas han calado profundamente entre los sectores sociales más duramente golpeados por la crisis económica, especialmente entre los jóvenes desempleados.  Culpar al extranjero de todos los males del país es el recurso más habitual de este tipo de movimientos. Históricamente sucedió con toda su estela trágica en la Alemania nazi, y ahora este peligroso discurso vuelve a repetirse en Europa, no únicamente en Francia, también en países tradicionalmente tolerantes, como Holanda y países nórdicos.

Los sangrientos acontecimientos protagonizados por elementos de grupos neonazis vinculados a ideología de extrema derecha en Francia como fue el asesinato de cuatro franceses de origen israelí y tres soldados de procedencia magrebí, indican un salto cualitativo que ha causado un enorme impacto y preocupación en la sociedad francesa.

A raíz de estos hechos se reabrió el debate sobre la integración de las minorías en la sociedad, ya que la ideología neonazi de los grupos de extrema derecha atraen a cada vez más partidarios. El ejemplo es que Marine Le Pen ha vuelto a tener un gran apoyo popular en las últimas elecciones presidenciales. Lejos de perder electorado, su claro discurso xenófobo y contrario a la inmigración no hace sino ensanchar la base social de su partido.

Sociológicamente la extrema derecha se nutre de la clase media o media-baja, con un discurso populista y de fácil asimilación. Esta clase sufre muy duramente los efectos de la crisis económica, quedando muy mermada ideológicamente y siendo presa fácil para aquellos que saben rentabilizar perfectamente la frustración de las esperanzas y expectativas perdidas.

Los jóvenes, como hemos dicho, son también una cantera donde conseguir adeptos. Estos jóvenes se integran en grupos radicalizados que, en muchas ocasiones, utilizan la violencia como forma de expresión política.

La violencia ciega es una característica de los grupos violentos de ideología neonazi. La violencia como forma de intimidación social, contra todos aquellos que son diferentes, porque los neonazis odian la diversidad cultural y étnica, odian a los inmigrantes, a los homosexuales y lesbianas, a los intelectuales, a los pacifistas, ecologistas… etc.

Su ideología se basa en el odio y la exclusión de todo lo que, según ellos, rompe la armonía de una sociedad basada en la uniformidad y la supremacía racial , la ideología autoritaria, y una cultura que excluye cualquier posibilidad de la educación multicultural.

Esta ideología autoritaria y excluyente

Se manifiesta de múltiples formas desde los ataques a los inmigrantes, homosexuales etc, hasta la oposición al matrimonio gay y la defensa de la familia tradicional católica, la oposición a todo tipo de leyes y reformas de carácter progresista, como el aborto, divorcio…

Estamos viendo como Francia hoy lidera a nivel europeo potentes movimientos conservadores, muchos de ellos ligados a ideologías de extrema derecha, contra el matrimonio gay, por ejemplo, además del discurso que ya se ha hecho habitualcontra los inmigrantes.

Otra consecuencia clara de esta intolerancia cada vez mayor de la sociedad francesa es la presencia de guetos de inmigrantes en las grandes ciudades de donde es muy difícil salir, unido a la falta de oportunidades laborales para los jóvenes de familias inmigrantes que, aunque poseen la nacionalidad francesa, tienen enormes dificultades de integración social.

Los Banlieues, como se conoce a estos guetos de inmigrantes, son espacios urbanos degradados donde hay una carencia escandalosa de servicios. En ellos se hacinan miles de familias de diversa procedencia, mayoritariamente de países del Magreb, como Argelia o Marruecos.  Incluso las mismas autoridades francesas reconocen que en estos banlieues se produce casi una exclusión educativa. Los jóvenes que proceden de estos barrios tienenmuy pocas posibilidades de acceder a las Grandes Écoles (Centros Públicos de Educación Superior de alto nivel).

Para entrar en uno de estos centros

Se fijan mucho de qué colegio procede el candidato. El haber estudiado en una zona determinada puede ser motivo de exclusión, porque se entiende que el nivel educativo de los alumnos de estos barrios menos favorecidos es peor.

Con lo cual las esperanzas de prosperar de estos jóvenes franceses de segunda o tercera generación pero de origen foráneo es prácticamente nula. La triste realidad, en la Francia actual, es que abrirse camino como inmigrante es prácticamente imposible. Llegar a puestos de relevancia social o política es un camino con muchos más obstáculos para un joven francés originario de una familia de inmigrantes, que para un joven también francés pero originario de una familia francesa tradicional.

Esta es la realidad social de un país que fue todo un referente histórico en el mundo en la defensa de la libertad y la igualdad.

Desgraciadamente la Francia de hoy poco tiene que ver con aquella otra que deslumbró al mundo con sus pensadores y filósofos, el país de la tolerancia, acogedor y solidario.  

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