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El alquiler en la antigua Roma

Pues sí en la antigua roma ya existía el alquiler. Hay que tener en cuenta el aumento demográfico (se estima que los habitantes de la ciudad de roma en el siglo III A.C. era de unas 200,000 personas) a mediados de la república la situación obligó a los arquitectos a diseñar un nuevo tipo de viviendas, las llamadas insulae que no son otra cosa que bloques de edificios de los cuales ya se tiene constancia desde el siglo III A.C.

Los dueños de tan magno negocio era la clase aristocrática que no podía dejar pasar los pingües beneficios que obtenían por el cobro de los alquileres de las insulae que les pertenecían a ellos. Los aristócratas y senadores disfrutaban de esta forma de financiación que incluso realizaba fraude de ley para poder obtener dichos beneficios debido a que en el año 218 a.C. el senado romano aprobó una ley por la cual quedaba excluido el lucro como origen o parte de las rentas senatoriales de modo que los senadores no dudaron en usar intermediarios para poder llevar acabo estas operaciones.

El crecimiento político de Roma así como las guerras que asolaron la península itálica en los siglos III y II a..C. atrajeron a la ciudad eterna desde refugiados que huían de unos campos arrasados hasta miembros de provincias que deseaban promocionar socialmente en la capital del estado que estaba naciendo y que sería llamado a ser el dueño del mundo conocido. Roma sobre el año 130 a.C., se calcula, tenía medio millón de habitantes cifra que llegó al millón en época de Augusto.

El constante aumento de nuevos habitantes se tradujo en una masa de plebeyos libres, patricios, esclavos e inmigrantes que en el caso del negocio del alquiler de vivienda se tradujo en una clase rica rentista que veía su patrimonio cada vez mayor gracias a una gran mayoría de inquilinos que Vivian en casas sin comodidades. La estratificación social no solo se vivía en la ciudad de forma horizontal sino también en las insulae (bloques de pisos) de forma vertical por que los precios de las casas dependían de la altura, a mayor altura menor precio, de modo que los apartamentos de las plantas bajas pertenecía a inquilinos de ciertos posibles mientras que conforme subías podías ver cada vez mayor necesidad hasta llegar a las buhardillas, baratísimas pero repletas de palomas, frías, pequeñas y sin comodidades y, obviamente, sin letrinas o sanitarios.

Aunque este tipo de alquiler generó un mercado paralelo puesto que normalmente los pisos solo tenían una habitación pero en caso de tener más de una habitación el inquilino, según los juristas romanos, tenía el derecho de subarrendar los cuartos de los pisos ya alquilados.

Contratos y desahucios

Una de las cosas que más nos puede impresionar es el hecho de que el mercado del alquiler de roma se renovaba cada año entrando en vigor los acuerdos el día uno de julio y se pagaban a año vencido. Existía todo un mercado de especulación en torno a todo esto ya que muchos inquilinos esperaban a que el plazo pasara para buscar entre las propiedades que habían quedado sin inquilino para poder negociar un precio más bajo ya que el arrendador no estaba por la labor de perder todo un año de ganancias de modo que muchos avispados conseguían un alquiler a precio más baratos simplemente esperando.

Aunque existían coacciones por parte de los propietarios puesto que en estas fechas el administrador, que tenía el derecho de acceder a la propiedad, visitaba en el mes de junio la vivienda alquilada con los potenciales nuevos inquilinos a fin de tratar de conseguir nuevos ocupantes de la vivienda para el mes siguiente o lograr presionar al inquilino para que le pagara más dinero aún (hay que tener en cuenta que la renta romana era cara).

A primeros de Julio una vez que los contratos entraban en vigor el nuevo inquilino tomaba posesión de su casa pero aquellos que no habían podido renegociar el precio de la vivienda o directamente no podía pagar era desahuciado de modo que el trasiego de nuevos inquilinos y gente que era expulsada de sus casas debido al vencimiento del contrato impagado debía de constituir todo un drama ya que el futuro que esperaba a los desahuciados era vivir bajo puentes, en la calle o en los pórticos de los templos, foros y teatros a la espera de un golpe de suerte que, tal vez, jamás llegara en la eterna capital del imperio.


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