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Ecuador, se abre sus méritos al mundo

Hace algunos años que no visito Ecuador. Pero me acuerdo muy bien de todo lo que pude disfrutar, como turista - pero turista dedicado a entender los países visitados por el prisma periodístico y de política externa, de esa joya que hace poco ocupó los titulares de todos los periódicos del mundo al ofrecer asilo a Edward Snowden - ya lo ofrece a Julien Assange, de Wikileaks, en la embajada del Reino Unido.

La verdad es que, desde que visité Ecuador por la última vez - en 2005, el país ha cambiado. No porque Rafael Correa haya sido su presidente de izquierda ni por algún otro suceso de orden de soberanía - cuando estuve allá, la brasileña Petrobras se luchaba el derecho de explotar una zona petrolífera pero amazónica. Sino porque creció. Aprovechó sus oportunidades y empezó a destacarse con su economía que, pese a no ser representativa del continente, ha dado mas esperanza a sus habitantes. Recuérdese que en 2005 se comentaba que Ecuador exportaba cada vez más gente, haciendo par a Uruguay, un país de viejos que para muchos se ha quedado parado en el tiempo. Nadie quería quedarse, parece.

Eso ha cambiado.

Me acuerdo muy bien de los ecuatorianos de origen indígena que corrían las calles de Quito perdidos, como si no tuviesen lugar ni allá de donde vinieron ni en las ciudades dominadas por la lógica de los blancos. Me acuerdo también de cómo menguaban los extranjeros en ciudades como Otavalo, donde existe la más grande feria indígena de todo el continente. De cómo intentaron engañarme varias veces. ¿Será ese un costumbre perdido con el progreso de la economía como un todo? No lo sé. Tendría que visitar los mismos lugares ahora, hace casi una década después. Pero eso no debe ser necesario.

Algunos hechos son decisivos. En 2005, Rafael Correa no ocupaba la presidencia, a la cual el iría ser cargado en esa ola de gobiernos de matiz izquierdista de que fueron ejemplo Lula, en Brasil, Chávez, en Venezuela, Morales, en Bolivia, y, por que no - pese a no ser bien de izquierda, dado el peronismo ocupar otra vertiente bien determinada en la historia -, los Kirchner, en Argentina. Correa entró en el panorama político ecuatoriano décadas después de gobiernos y más gobiernos de matiz, en lo mínimo, contraria a los deseos populares.

Correa está ahora - después de su nueva reelección, en febrero de 2013, con más de 57% de aprobación - en su tercer mandato, que va hasta 2017. Cumpliéndolo todo, será el presidente constitucional de más largo mandato en la historia de ese pequeño país que concentra en si mismo todos los climas posibles e inimaginables del continente, que tiene a Galápagos, que solo por eso - y por Darwin - ya sería una joya inestimable, que da el nombre a la línea que divide el mundo y que tiene en su territorio la más grande variedad de pájaros del mundo. No es poco, además de no ser solamente simbólico.

La población no vive de símbolos

Y Correa, en sus 6 años de mandato - hasta ahora -, no la ha decepcionado. Habiendo disfrutado de la más larga bonanza petrolífera de su historia, Ecuador ha recibido, por parte de Correa, de muchas de las promesas que hace mucho tiempo los gobernantes prometían y no cumplían, como inversiones importantes en infraestructura y en programas sociales, que reducieron de forma importante la pobreza, y, algunos dirán mas importante, como la reconducción de las prioridades económicas del país hace retos que proponen diversificar las matrices energéticas vigentes (sin dejar de generar superávits), sustituir importaciones, diversificar exportaciones, reconstruir sectores importantes de la industria (siderurgia y petroquímica, especialmente). Pero nada podría, imaginase, conllevar a tanta aprobación popular como, en pocas palabras, escogidas por Correa, en la construcción de un Estado Democrático del Buen Vivir, propuesta suya original pero también profundamente involucrada en un tipo de Socialismo del Siglo XXI de matriz claramente chavista. La población lo apoya, eso es cierto.

Pero Correa, al parecer, no quiere parar por ahí. Su movimiento, de nombre PAÍS, lo demuestra bien, atendiendo 35 propuestas que el defiende imprescindibles para que consiga terminar su trayectoria reciente en favor del pueblo tradicionalmente mal atendido por los gobiernos recientes. De esas propuestas, las más fuertes, al menos en imagen, so claramente el atendimiento de dos camas hospitalarias para cada mil habitantes, lo que es inédito en ese país, la prestación prioritaria de asistencia legal a grupos desatendidos (niños, mujeres, pobres) y la impulsión de relaciones entre la ciencia, la tecnología, el arte y los saberes ancestrales de ese pueblo de matriz menos indígena, creo, que solo Perú.

Me acuerdo bien, de cuando visité Quito, de una visita que mi entonces esposa, Cristina, y yo, hicimos a un museo localizado en el centro de la ciudad. Ese museo, de cuyo nombre no me acuerdo, mostraba, de forma ejemplar, detalles antropológicos de una cantidad aparentemente infinita de pueblos que dominaron el territorio ecuatoriano. Me acuerdo cómo el trabajo parecía ejemplar de entre todo lo que había visto hasta entonces en todo el continente. Me preguntaba: ¿pero mira, si un Estado tan pequeño, tan parco de recursos, pudo hacer ese tipo de demostración de eficiencia, qué no podría hacer si bien gestionado?

Creo que sea eso lo que vemos en la actualidad. Algo que promete y que nos hace pensar: ?a qué más podrá ser destinado el continente sudamericano en caso de la sociedad conseguir suplantar los retos que hasta ahora parecen in transponibles? Correa muestra que, pese a costumbres también atrasados - los gastos publicitarios millonarios, sin los cuales, creo, también no podría ser reelegido -, parece haber esperanza mismo en los rincones menos afortunados del continente en que vivo. / Rodrigo Contrera.

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