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Descontento en Brasil hacia Dilma Rousseff

2015 empieza bajo los auspicios del descontento sordo en Brasil – y por ahora prácticamente mudo. 2015 empieza, en Brasil, bajo los auspicios del descontentamiento. Todos o prácticamente todos los manuales de escrita de artículos o crónicas dicen que no se puede – o no se debe – empezar un artículo o crónica con la frase del título. Pero no estoy de acuerdo en este momento. Por una razón obvia: aquí eso es obvio.

Dilma Rousseff reasumió el día 1 de enero de 2015 la presidencia de Brasil después de las maquinaciones que parecían no terminar para ensamblar los ministerios así como detalles dantescos relacionados a esto mismos. Sin el apoyo de prácticamente mitad de la población brasileña que ha votado a su opositor y de muchos formadores de opinión que intentaron, sin éxito, capitalizar el descontento en movimientos radicales o de matiz que se ha probado casi fascista.

Esa falta de apoyo 

Según algunos articulistas, ser minimizada con argumentos que tienen por base encuestas de opinión es extremadamente peligrosa por traducirse en un descontentamiento que aparentemente todavía no ha logrado asumir una voz específica en la opinión pública. O sea, mientras casi mitad de la población no esté satisfecha, nadie parece oír esa queja general y eso porque nadie, al menos en apariencia, consigue traducirlo en palabras y demandas.

Las noticias relacionadas con el nuevo mandato deja claro el clima de déjavu. Todo parece como antes. Todo parece que va a continuar igual pero todos saben que no puede continuar así. Y muchos saben que quieren algo que, al menos en apariencia Dilma no está dispuesta a ofrecer. Esos muchos, claro, son los que votaron en Aécio – y este piensa bien diferente con respecto a muchos asuntos. Y el PT de Dilma, que cumple 35 años, está en una gran crisis también y no se sabe muy bien lo que se puede hacer para mejorar su imagen – en especial con respecto a la clase media y joven que, durante la elección, apoyó pesadamente los que se opusieron al partido de “los trabajadores”.

El año será turbulento de varias formas. Con respecto a la economía como todos lo saben. En política también por las recientes defecciones en el Partidos de los Trabajadores de Brasil y por razones éticas varias incluso los que involucran la relación del gobierno con los recientes escándalos que afectan la más grande empresa brasileña, la Petrobras. Pero otros aspectos también pueden ser resaltados, además de los de la economía y de la política de Brasil: la ausencia de una política económica que de resultados efectivos y la ausencia de opción a esa falta, por parte del ejecutivo, parece mostrar que el gobierno del PT no sabe hacia donde dirigirse. Y, como corolario a todos estos problemas, la insistencia del nuevo gobierno de Dilma en no cumplir promesas de campaña puede dificultar todavía más un apoyo que por ahora es bien frágil.

Pero pueden preguntarse

¿Y al fin de cuentas la política no es determinada por satisfacciones resultantes del crecimiento económico del país o de aciertos con grupos de influencia en la sociedad por intermedio de aciertos diversificados de poder y de una negociación infinita de ámbito general?

Puede ser. Lo que pasa es que la historia de hace pocos meses ya mostró descontentos localizados que pueden hacerse incontrolables y transformarse en movimientos de consecuencias imprevisibles especialmente a largo plazo.

Por eso el consejo de siempre: nunca deje que ciertos mensajes internos a los involucrados en cualquier relación pasen sin dejar huellas y sin expresión concreta. Porque un día ellos, esos mensajes, pueden aparecer y causar perjuicios incalculables. Eso vale para países, provincias, municipios, barrios, condominios, relaciones familiares y – no se sorprendan – relaciones amorosas existentes o mal sucedidas (o sólo mal resueltas).


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