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Desarrollo económico de América Latina

América Latina ha tenido un desarrollo económico y social diverso, desigual y lleno de altibajos. La rivalidad entre países, con sucesivas guerras por disputas territoriales tras la independencia, y el colonialismo ejercido por los Estados Unidos desde principios del siglo XX han marcado también el devenir histórico de estos países. Tradicionalmente las economías latinoamericanas fueron muy dependientes de las de las metrópolis europeas hasta mediados o finales del siglo XIX, para después caer en el nuevo colonialismo de Estados Unidos, que ha sido el que ha marcado poderosamente la historia de los países latinoamericanos durante el siglo XX.

No hace falta recordar los efectos de la famosa doctrina Monroe a lo largo del Siglo XX. Roosevelt con su famoso corolario de 1094, estableció que si un país americano amenazaba o ponía en peligro derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el gobierno americano estaba obligado a intervenir en los asuntos internos de ese país. En realidad este famoso corolario de la doctrina Monroe de “América para los americanos” (los del norte, claro), fue una carta blanca para la intervención de los Estados Unidos en América Latina, desde el embargo a Cuba, o la participación en el golpe de estado contra Allende en Chile, hasta muchas otras intervenciones militares directas.

El desarrollo Latinoamericano

Es un largo proceso que llega hasta nuestros días con dolorosas desigualdades sociales y económicas en la gran mayoría de países, con graves problemas sin resolver referentes a la educación, sanidad, igualdad de la mujer, infancia, tercera edad, poblaciones indígenas, derechos humanos, violencia, corrupción, etc.

Si analizamos el cinturón de la pobreza en la América Latina actual, vemos que es como gran mancha de vergüenza que se extiendo desde México casi al extremo sur del continente. Esta situación refleja la marginación secular de las poblaciones indígenas, las desigualdades políticas y económicas y, en muchos, casos los regímenes totalitarios y dictaduras que marcaron durante años el desarrollo de América Latina.

Tampoco estos procesos de modernización se caracterizan por su uniformidad. Hubo países que quizás por una seria de características, como fue la emigración masiva de población inmigrante europea, se desarrollaron más rápidamente al incorporarse a su mercado laboral, mano de obra altamente cualificada. En otros casos los procesos de modernización de las estructuras económicas y sociales fue lento, parcial o con características peculiares. En otros países podríamos incluso preguntarnos si realmente ha empezado algún proceso modernizador.

No cabe duda de que hay una gran diversidad de casos. No es lo mismo comparar a Argentina o Brasil, que a Bolivia o Perú. Igualmente las regiones participan de características propias y niveles de desarrollo diferentes. La región andina tiene unas características radicalmente distintas a los países de Centro América o El Caribe, etc.

Podríamos parcializar el subcontinente americano en diferentes regiones con características propias cada una de ellas, y con dinámicas de desarrollo distintas, ligadas a factores económicos también diversos.

Si analizamos más a fondo los procesos socio-económicos de la región tomada en su conjunto, se constata como muchos países quedaron relegados en lo que podemos llamar las políticas de desarrollo globales. Sus sociedades se caracterizaron por tener una clase oligárquica que controlaba el estado y el poder económico, y una economía sumisa a las políticas liberales que imponía los Estados Unidos. Este esquema ha perdurado en América Latina durante muchas décadas, incluso hasta bien entrados los años 80.

Casi todos los países latinoamericanos, salvo el caso argentino, seguirán con estructuras económicas pre-modernas y con economías de subsistencia, hasta bien avanzado el siglo XX. A partir de los años 50 se produce un segundo impulso de modernización y desarrollo industrial, especialmente en el sector agrario. Pero en general las economías latinoamericanas seguían lastradas por la exportación de materias primas, como el café, tabaco, petróleo, etc, y en la mayoría de los países latinoamericanos persistían estructuras sociales más propias de sociedades rurales que industriales.

Desde los dos siglos posteriores a la independencia, las economías latinoamericanas hay que analizarlas dentro del marco más amplio de la economía internacional, teniendo en cuenta los flujos económicos y el desarrollo económico global, el comercio internacional, los flujos de capital, y las tendencias en término de desigualdad y desarrollo humano.

El libro “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano, publicado en 1971, sigue siendo aún una obra de referencia para aquel que se quiera profundizar en la herencia que han dejado los diversos colonialismos en la realidad económica y social de los países latinoamericanos a lo largo de su historia, a través de lo que ya en los años 70 Galeano definió como la mundialización, sinónimo de la globalización actual.

Hoy día

Muchas realidades sociales y económicas presentes en Latinoamérica son causas directas de la situación de dependencia, del colonialismo y neocolonialismo denunciado por Galeano, respecto de las economías europeas y norteamericana.

Si bien América Latina, en su conjunto, comparte niveles de desarrollo con otras regiones del globo, se separa de estas en cuanto a su tipo particular de desarrollo, consecuencia de su historia, de su demografía, etc. Este universo de países tan singulares está constituido por tres grandes espacios socio-estructurales: los niveles de desigualdad que se han enquistado en la sociedad, haciéndose endémicos; la coexistencia de modelos demográficos contradictorios respecto al aumento del control de la mortalidad infantil y la desprotección de la tercera edad, y los procesos de urbanización masivos sin la suficiente planificación y dotación de servicios.

América Latina carece hoy día de estrategias sostenibles para disminuir la desigualdad social, de género, la pobreza, etc. No hay políticas gubernamentales, salvo algunos ensayos en algunos países, para combatir los profundos problemas sociales.

El Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD)

Organización multilateral inserta en el sistema de la OCDE que se dedica al seguimiento y evaluación de las políticas de desarrollo de los países integrantes, incluye prácticamente a todos los países latinoaméricanos como receptores de Ayuda al Desarrollo.

En dicha lista del CAD para 2013 solo quedan fuera Argentina, Chile, Brasil y México, cuyos niveles de renta superan los topes exigidos.

Hay casos como Haití que la OCDE califica como uno de los países más pobres del mundo. Otros como Bélize, Bolivia, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Paraguay, tienen una renta per cápita que no llega a los 4.000 $ por habitante, situándolos entre el grupo de países más pobres del planeta. Los casos de rentas intermedia o media son los que podemos calificar como países en desarrollo, entre ellos Colombia, Costa Rica, Cuba, Republica Dominicana, Ecuador, Jamaica, Panamá, Uruguay, Venezuela y Perú.

Todos ellos reciben fondos para proyectos de cooperación al desarrollo. Caso aparte son Argentina, Chile, México y el espectacular Brasil. Son países de los llamados emergentes, que abandonaron, supuestamente, la lista de los pobres. No necesitan de la ayuda externa para subsistir o construir servicios básicos, como escuelas, hospitales, etc.

El concepto de país emergente es relativamente nuevo. La terminología país en vía de desarrollo, que se sigue manteniendo para definir países que aún no han completado su ciclo de industrialización, está cada vez más en desuso.

El nuevo concepto en todos los foros de economía es el de país emergente. Un concepto híbrido entre la economía y la sociología, porque no solo define unas determinadas características económicas, también sociales, como es la necesidad de que exista una clase media de gran voracidad consumista, que active la producción de los bienes y equipos mediante la fabricación propia o la importación.

Económicamente define a países en rápido crecimiento, con tasas que superan la media del resto de países. Según la OCDE los países que más crecen a nivel mundial son China e India. Entre los países emergentes están varios latinoamericanos, como Brasil, quizás el caso más espectacular de todos ellos por su rápida transformación en los últimos 20 años, pero también México, Argentina, Chile y otros países que están creciendo a tasas muy altas, como Perú, Colombia, o Venezuela.

Llevamos ya algunos años escuchando el término emergente y la pregunta es cuando emergerán realmente, cuando sacarán el cuello del agua y nadarán hacía la orilla de la abundancia y el desarrollo, porque sus desigualdades y contradicciones internas, son incuestionables. Quizás el concepto venga a definir un nuevo orden de países, a semejanza de aquellos otros conocidos, en su momento, como países no alineados. Un sistema de países organizados para defender sus intereses frente a los bloques, en la guerra fría.

Hoy día los países emergentes parecen surgir frente a los grandes bloques económicos mundiales: Estados Unidos, Japón y la Unión Europea. Es abrir una tercera vía que no solo es ya económica, sino también política.

A nadie se le escapa que el nuevo orden mundial de relaciones internacionales y comerciales, no se podrá construir sin el protagonismo de países como China, Rusia, India o Brasil. Se tendrán que producir los cambios estructurales necesarios a nivel de los organismos multilaterales, para darle cabida a la voz de los emergentes. Algunos como China y Rusia ya están como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero habrá que ir dándole espacio a los que vienen detrás empujando fuerte: India, Brasil, México…

Al país que le cuelgan el calificativo de emergente, es aquel que supuestamente ha abandonado los índices que lo caracterizan como pobre y subdesarrollado, y también ha dejado atrás a ese otro socorrido grupo de los llamados “países en vías de desarrollo”, para convertirse en una potencia económica pero con unas características peculiares, a saber: gran población, importantes recursos naturales, desarrollo de un sector productivo nacional, enorme mercado interno, y regulaciones poco exigentes para la presencia de empresas extranjeras. Pero con importantes contrapesos: grandes desigualdades sociales en el campo de la educación, la sanidad y el acceso a los recursos públicos, junto a problemas de inseguridad y pobreza. De hecho Brasil está en el grupo llamado de los BRICS, las grandes cinco economías emergentes del mundo: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

La aproximación a la realidad actual de América Latina presenta siempre los problemas del enfoque y de la escala. Por un lado, cada vez es más frecuente el estudio de los temas económicos de manera fragmentaria, utilizando un complejo instrumental teórico, pero con una aparente disyuntiva: si nos interesamos por la región en su conjunto, se pierden los matices de la enorme variedad de casos nacionales y regionales; mientras que si abordamos los temas concretos de algún país o región, se pierde la perspectiva de conjunto que contribuye a identificar las cuestiones relevantes en cada momento histórico.

El análisis del desarrollo económico de América Latina se transforma así en tarea compleja por su diversidad y la particularidad de cada caso. No es lo mismo analizar el modelo cubano, que el chileno, o el brasileño. En cada país ha ido surgiendo modelos de desarrollo que han pasado desde el más puro neoliberalismo, con políticas económicas cuya filosofía propiciaban el no intervencionismo, hasta modelos de economía más o menos planificadas.

Podríamos incluso parcializar la región:

Centroamérica, El Caribe, Países Andinos, Mercosur, cada una con sus dinámicas internas y peculiaridades.

Hoy día la presencia de los EEUU sigue siendo muy importante, sin embargo las economías latinoamericanas se están abriendo hacia otro gran mercado emergente mundial: China. Desde la década de los años 90, la mayoría de las exportaciones de América Latina, se dirigen hacia el gigante asiático. Esta apertura al mercado mundial ha provocado que China haya pasado de importar el 1% al 7% de los productos de América Latina, lo cual ha contribuido al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Latinoamérica, el cual ha crecido a un promedio del 5.9% en 2010 y 4.5% en el 2011.

La contribución del aumento de las exportaciones al PIB de América Latina ha permitido a los habitantes de la región aumentar su consumo en 3.9% y ha impulsado al crecimiento del 14.5% en la inversión recibida del para el año 2010http://www.miradoreconomico.com/2011/12/el-desarrollo-economico-en-america-latina/ - _ftn5. Sin embargo, si el boom de las materias primas ha sido beneficioso para todos los países latinoamericanos, ¿por qué no todos han salido adelante?

Hay una serie de factores que influyen en este desigual desarrollo de los países latinoamericanos, los llamados emergentes son aquellos que ha sabido racionalizar mejor la utilización de los recursos que el Estado recauda, que han sabido dinamizar el movimiento de la actividad económica apostando por sectores estratégicos como las energías renovables o las nuevas tecnologías de la información y comunicación, los que han aumentado su nivel de comercio y relaciones internacionales y, sobre todo, los que han aplicado políticas económicas sostenibles y han apostado por la educación.

Las realidades socio-económicas de países como Chile, Brasil, Perú, Colombia, México, son diferentes a otros países como es el caso de Argentina, con una economía estancada, Nicaragua, Honduras, Venezuela, Bolivia, Ecuador, donde los subsisten graves problemas de subdesarrollo. Brasil quizás sea el paradigma, ha relanzado su economía hasta situarla en el quinto lugar por PIB a nivel mundial, y ha reducido la pobreza en unos porcentajes impensables hace 15 años.

En estos países latinoamericanos de los llamados emergentes, donde ya definitivamente podríamos encuadrar a Brasil, Chile, México, Argentina, y siguiéndoles de cerca, Perú, surge una clase media dispuesta a crear empresas, y a consumir.

Para dar un ejemplo, Chile, uno de los países mencionados, presentó un crecimiento del PIB del 5.2% en el 2010, el mayor crecimiento en un año, en comparación con un crecimiento promedio del 3.4% en el periodo 2005-2010.

Otros países que también tienen sus políticas económicas bien definidas son Brasil, Perú y Chile. Las políticas económicas de estos países, entre otras cosas, fomentan la inversión interna, desarrollan el mercado interior y buscan la firma de tratados internacionales para darle salida a sus productos. Un elemento básico en Chile, Brasil, Colombia y Perú es que tanto el sector privado como el sector público tienen sus límites bien establecidos y no interfieren en las actividades que cada uno realiza. El sector privado es el motor de la economía mientras que el sector público se encarga de lograr que el bienestar llegue a toda la población.

Otro aspecto que ha mejorado en estos países es el aumento de la inversión interna, la pequeña y mediana industria y la clase media (motor de la economía). Estos son puntos importantes ya que la inversión interna se refiere a que los ciudadanos en Chile y Brasil por ejemplo se están convirtiendo en microempresarios, lo cual dinamiza la actividad económica y permite el crecimiento de la clase media.

Estas dinámicas positivas no se están dando en otros países como Nicaragua, Honduras, Venezuela, etc. La evolución de estos países es lenta, no poseen políticas económicas coherentes, por lo que su economía va un poco a la deriva, sin objetivos precisos. Siguiendo el modelo de sus vecinos, los llamados “emergentes” deberían en todo caso fomentar la inversión nacional en sectores productivos de acuerdo a sus potencialidades, fomentar la cultura emprendedora entre su población y no copiar políticas económicas fracasadas, sino más bien fomentar políticas que vayan en sintonía con sus propias realidades internas.

El aumento de las exportaciones de materias primas debe ser aprovechado por todos los países latinoamericanos, sin necesidad de hacerlos dependientes de determinadas materias primas. Uno de los secretos de las economías más prósperas de América Latina ha sido su diversificación, la apuesta por sectores tecnológicos, la apuesta por la educación y por el respeto al medio ambiente para crear un modelo de desarrollo más sostenible.

En todo caso, hoy día Latinoamérica es un mercado potencial de millones de personas, con economías pujantes en algunos países que la hace una región sumamente atractiva para países que sufren duramente los efectos de la crisis económica, como es el caso de España.

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