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Brasil, elecciones belicistas en un país dividido

Ahora que escribo todo Brasil sabe que Dilma Roussef ha sido reelegida presidente de Brasil. El resultado acaba (20h de domingo) de ser tornado público. Crecen los comentarios en las redes sociales y los periodistas finalmente pueden escribir un fin a esta elección, la más bélica desde 1989, cuando - de triste memoria - el "cazador de marajás" Fernando Collor derrotó a Lula, el sindicalista más conocido en todo el mundo - y después dos veces presidente.
La historia de la candidatura de Dilma es previsible.

Luminar de un partido - el PT, Partido de los Trabajadores - sistemáticamente impedido - en el pasado - de ocupar el poder, Dilma encarna la continuidad de gobiernos de PT capitaneados por Lula y por ella. En otras palabras, el PT, que por décadas fue oposición, hace mas de 10 años - 12, para ser exacto -, es gobierno, posición, poder. Pero los petistas parece que no se convencen de eso.
 

Por otro lado, el PSDB, de Aécio Neves, es un partido que por dos gobiernos ocupó el poder central - inmediatamente antes de Lula - y que tiene como principal eje de sustentación la clase media de los estados más ricos y populosos. Muchos califican el PSDB como un partido neoliberal. De hecho, ese partido defendió - y realizó - el desmonte de parte del Estado brasileño en la década de 90, vendiendo muchas empresas.

Las políticas del PSDB pavimentaron la economía

Que el PT encontró saneada tan luego ocupó el poder, con Lula. Estas elecciones, que terminaron por oponer esos tradicionales opositores, fue por su vez sui generis de varias formas. Un candidato de un partido menor pero representativo - el PSB - se murió en un accidente de avión.

Ocupó su lugar una representante - Marina Silva - de un grupo que había intentado ser partido - la Rede de Sustentabilidad -, sin suceso. Marina ocupó el lugar de Eduardo Campos con cuestionamientos internos graves - los grupos siempre fueron diferentes de várias formas. 

El primer turno fue tratado como plebiscito. Pero esos que pensaban que Marina sería el mayor desafío se equivocaron. Marina salió en tercero y la decisión quedó a cargo del tradicional PT x PSDB. Ocurrió que Marina, que había sido ministra de Lula, se fue a las bandas de Aécio - hubo quien dijo que ella se suicidó con esa decisión - y el pleito pasó realmente a ser un plebiscito. 

Las cosas podrían haber transcurrido normalmente si los dos lados no hubieran demonizado uno al otro a tal punto que los electores se vieron en un tiroteo que tuvo lugar para todo. Los sustentadores de Aécio pasaron a demonizar el PT - diciendo incluso que se iban a cambiar de país -, y eso a tal punto que en muchas ocasiones parecía no haber lugar para diálogo. PT se transformó en un enemigo que era necesario derrotar a cualquier costo.

Por su parte, el PT empezó a demonizar Aécio, ese ex-gobernador de Minas Gerais - un estado importante, de la región Sudeste -, llegando al colmo de amenazarlo veladamente en comentar episodios de ámbito personal - Nieves un día se atracó con una polola, y otra se recusó a ser evaluado al conducir un vehículo embriagado. 

Los electores embarcaron en un "salve-se quem puder" que sobró espacio para todo. Xenofobia, perjuicios raciales, perjuicios de clase, acusaciones sin fundamento, etc., todo pasó a ser válido para derrotar el opositor. El jueves, por su parte, la revista Veja, importante semanario, se antecipó y publicó un material "periodístico" de acusaciones directas a Dilma y Lula sin ninguna prueba. El TSE obligó la revista a ceder espacio a una respuesta del PT, y la manobria fue considerada un acto desesperado para conseguir los indecisos.

Dilma ganó y por causa de Minas Gerais!!!! Exactamente el estado en que Aécio fue gobernador. Pero la historia no paró por ahí. Continuaron las demostraciones de xenofoba, reclamaciones, desespero, por parte de quién perdió - y eso independiente de las posiciones de Dilma y Aécio en prol del diálogo. Nunca, desde 1989, el voto de los indecisos sufrió tamaña disputa.

Termino comentando algo de orden personal. Siempre pensé en votar en Dilma. Los motivos aquí no importan. Pero tengo amigos que votaron en Aécio - y que son esclarecidos. Terminé por quedarme dividido. Hasta el último segundo no sabía en quién votar. La pantalla de la urna electrónica me esperaba y nada. De repente, pensé en las propuestas de uno y de otro. Y entendí que la lucha se daba en un matiz ideológico que no me interesaba. Pensé en lo que creo y voté. No le conté a nadie. Tengo algún miedo de que me traten mal - o que pierda algunas amistades.  A que punto llegamos.

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