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Alemania ¿un peligro para Europa?

En la década de los años 60 del pasado siglo, España estaba en pleno desarrollismo económico, y aun así la incipiente industria organizada entorno a mastodónticos proyectos industriales del franquismo no era capaz de absorber la gran cantidad de mano que procedía de una brutal emigración del campo a las ciudades. Son los años de la emigración masiva de españoles a Europa, principalmente a Alemania. Por aquellos años, el perfil del emigrante era la de una persona sin apenas estudios y formación. El mismo fenómeno se producía en otros países europeos como Grecia, Italia y Portugal. Alemania se llenó de ciudadanos provenientes de los países del sur de Europa que se emplearon en la construcción, preferentemente, pero también en las fábricas y en las obras públicas alemanas. Esta emigración masiva a Alemania, qué duda cabe, propició el espectacular crecimiento de la economía alemana y de rebote, también, el despegue económico de los países emisores de población, ya que ajustaron su mercado laboral, consiguiendo tasas de desempleo bajas, y se financiaron con las remesas que transferían los emigrantes.

Pero, hoy día que está ocurriendo con Alemania en relación con el resto de Europa? Realmente puede Alemania ayudar a superar los momentos críticos que vive la zona euro y la Unión Europea con las políticas de austeridad que impone al resto de países?

Alemania, la mayor economía de Europa

De eso no hay ninguna duda, y eso explica el papel de líder que ha venido desempeñando en la gestión de la crisis de la deuda de la zona euro. El país también se enfrenta a sus propios problemas: el crecimiento económico se ha debilitado por no hablar de un estancamiento debido a los impactos externos, tiene importantes problemas estructurales internos y una permanente dificultad para integrar a la parte oriental, donde el desempleo es muy alto, en comparación con la parte occidental que se sitúa entorno al 5,2%. En 2011 se observó ya una desaceleración clara del crecimiento, que se acentuó de forma visible en el año 2012 y sigue la tendencia en este año 2013. Las previsiones son que el país empiece a repuntar el próximo año.

La idea obsesiva de las autoridades económicas alemanas y del gobierno de la Srª Merkel es afrontar la crisis de la zona euro tratando de reducir su déficit presupuestario y su importante deuda pública. Debido a que los bancos alemanes y el mismo estado alemán han sido los grandes prestamistas de otras economías europeas, Alemania presiona a los países de la zona euro para que reduzcan su déficit presupuestario con el objetivo de cumplir el acuerdo alcanzado en diciembre de 2011, que limita el déficit estructural autorizado a un 0,5% del PIB.

Hay dos soluciones que parecen evidentes: la primera sería una salida masiva de los países citados, algunos de ellos intervenidos, de la zona euro. Y otra solución, ingeniosa, inviable pero con una gran carga irónica, es aquella que propone expulsar inmediatamente a Alemania de la zona euro. Esta solución propuesta por la propia izquierda alemana, como salida para el resto de países europeos, es un buen indicador de como la opinión pública europea está reaccionando ya frente a unos planes de austeridad que cada vez hunden más y más a las economías europeas en la depresión y en la crisis. Que los países del sur de Europa expulsen a Alemania de la Unión Monetaria, sería una salida a corto plazo. Supondría, claro está, la ruptura de la Unión Monetaria pero daría tiempo a los países de la eurozona a preparar la vuelta sosegada a sus monedas nacionales.

Sin la dictadura Alemana

El BCE realizaría una política más expansiva. El euro se depreciaría respecto a otras monedas, como el dólar, o el yen. Con ello se dejaría sin efecto la revalorización de la moneda europea frente a otras monedas y, con ello, también los países del sur de Europa ganarían competitividad frente al resto de las más poderosas economías mundiales, incluida la alemana, sin necesidad de someter a sus poblaciones a duros ajustes, reducciones salariales y sin desmantelar el Estado social, o los servicios públicos.

Desgraciadamente ninguna de las dos salidas son factibles a corto o medio plazo. Los países del sur de Europa se ven presionados por Alemania para realizar políticas de contención del gasto público, reducción salarial y otras reformas que afectan negativamente al mercado laboral, lo que se está plasmando en una marea de descontento social.

En el Informe por la Paz presentado en Berlín en 2012, elaborado por varias instituciones europeas, señala que la crisis en Europa se ha convertido en un peligro para la paz en el continente. Se apunta claramente que hay una carencia incuestionable de solidaridad europea y un aumento de la xenofobia y el racismo en los países europeos.

El informe, sin señalar claramente a Alemania, deja entrever los efectos devastadores que las políticas de ajustes, impulsadas por Alemania, están originando en las economías más débiles. Bruno Schoch de la Fundación de Estudios sobre la Paz y Conflictos de Hesse, apunta a la “urgente necesidad de una regulación de todo el mercado financiero” y “mientras los bancos salen indemnes, toda Europa es sometida a un dictado draconiano de ahorro que empujan a las economías más débiles a la recesión”

El riesgo que se señala como muy real es que Europa y el estado social que se ha construido desde final de la segunda guerra mundial, puede acabar viniéndose abajo.

Alemania se está convirtiendo en el gran obstáculo para la recuperación económica de Europa. Incluso economistas como George Soros creen que la política de ahorro presupuestario a ultranza impuesta por Alemania, pone en peligro la Unión Monetaria, porque impide crecer a las economías más débiles estructuralmente.

Para Soros, Alemania está arrastrando a los países europeos a la deflación, lo que amenaza en convertirse en un largo periodo de estancamiento de sus economías. Esta situación solo puede llevar al resurgir de las políticas nacionalistas, el descontento social y la xenofobia, como ya se señala en el Informe por la Paz.

Alemania está jugando con fuego en Europa

Es la responsable directa del sufrimiento de millones de personas que a diario pierden su empleo, ven como los bancos les embargan sus casas, o como el Estado reduce su jubilación y alarga los periodos de cotización para poder cobrar una pensión en el futuro.

Alemania cada vez está más aislada en Europa y, las políticas de Merkel, empiezan ya a ser cuestionadas, no solo dentro de su propio país, sino también internacionalmente por el Presidente Obama por ejemplo, y por instituciones como la OIT, el Banco Mundial o Naciones Unidas. Para Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001, las actuales políticas económicas aplicadas en España y en el conjunto de Europa no ofrecen una respuesta a la crisis actual. Incluso señala que actualmente las cosas están peor que hace cinco años, y advierte que si no hay cambios significativos en la política económica de la zona euro “no habrá luz al final del túnel”.

Stiglitz señala como muy preocupante el desempleo juvenil y sostiene que con las actuales políticas será muy difícil reducir la tasa de desempleo. La única forma de abordar seriamente el problema del desempleo es con políticas que impulsen el crecimiento. Para Stiglitz mientras Europa, versus Alemania, siga empeñada en hacer políticas de ajustes, la economía seguirá estancada y el desempleo evolucionará negativamente. La economía española y la de los países europeos más golpeados por la crisis deberá crecer por encima del 1,5% para volver a generar empleo. Definitivamente solo políticas de crecimiento económico volverán a recuperar el empleo perdido y, aún así, será una tarea que llevará años.

Literalmente Stiglitz señala que Europa y particularmente Alemania están poniendo en peligro el futuro de España y de los países del sur de Europa.

Esta es también la sensación que tienen millones de ciudadanos europeos. Hay un clamor popular pidiendo a los diferentes gobiernos que soliciten a Alemania que relaje su política de austeridad. El supuesto liderazgo de Alemania en Europa es una idea errónea. Lo que entre todos los países europeos se ha construido, un especio de libre intercambio económico que avanza hacia la unión política, no está pensado para que un país lidere, y los demás lo sigan como corderitos. Europa se tiene que construir basándose en la igualdad de derechos de sus Estados. Alemania cree que tiene una especial responsabilidad en la solución de la crisis del euro. Se ve a sí misma como el país elegido por los dioses para ayudar a esos otros indolentes países del sur a hacer las cosas bien y, si puede ser, con mentalidad germánica.

El principio de colaboración, no el de imposición, es el que debería prevalecer para cimentar relaciones igualitarias entre los Estados. La posición de liderazgo en la Unión Europea que ejercen Alemania y Francia, no puede suponer la imposición de políticas económicas a otros estados que perjudiquen su recuperación y el derecho de sus ciudadanos a tener políticas sociales en los protejan en tiempos de crisis.

Es por esta razón

Que uno de los aspectos más importantes que debería guiar la política económica en la Unión Europea es la superación de los desequilibrios económicos entre países y regiones, con el fortalecimiento de la competitividad, pero no exclusivamente mediante políticas de congelación salarial, las únicas que en realidad se está aplicando, sino también con la reinversión de los beneficios empresariales en las empresas.

Para crear nuevos puestos de trabajo en aquellos países más duramente golpeados por la crisis, caso de España, Grecia, Portugal o Italia, hace falta que las empresas ofrezcan productos innovadores, atractivos al consumidor y con fuerte demanda.

Para ello las empresas de los países del Sur deben ser competitivas con la de los países del norte, en una economía globalizada, donde las empresas acuden a los mercados internacionales a la búsqueda de posibles clientes. Pero nunca se competirá en un plano de igualdad si las empresas no tienen el mismo nivel de oportunidades. Por ejemplo, en España en crédito a las empresas está prácticamente cerrado, debido a la exigencia alemana de sanear el sistema bancario español que, no lo olvidemos, ha sido rescatado.

Tampoco hay líneas de crédito oficial a las empresas, o son muy débiles si las comparamos con los recursos que otros estados liberan para ayudar al sector privado. No hay políticas de incentivos fiscales, o son muy limitados. No existen ayudas a los emprendedores y, en España, la cuota de autónomo es la más alta de Europa, condenando a miles de personas al desempleo o a la ilegalidad. Esta es la realidad. Cuando se habla de competitividad hay que poner los números sobre la mesa. En España un autónomo paga una cuota mínima al mes de 250 euros, facture o no facture. En Francia, por ejemplo el primer año está exento de pagar cuota, y durante los años sucesivos se paga cuando se facture y según facturación. Esta es la tónica que siguen el resto de países europeos. En Reino Unido, hay una cuota de 49 € mensuales.

Este simple ejemplo impide que miles de personas en España se puedan hacer autónomos mientras que, en otros países autónomos y pequeñas empresas, son un motor importantísimo de la economía. Por lo tanto, las situaciones de desigualdad son notables en el seno de la Unión Europea. Hay que armonizar las legislaciones nacionales, para intentar conseguir un marco jurídico similar en todos los estados miembros. No solo se trata de imponer políticas de ajuste fiscal que están llevando al desempleo a miles de personas, en el sector público como en el privado, también hay que fomentar políticas de recuperación económica que ayuden a salir del desempleo y favorecer la creación de negocios y empresas.

Alemania quiere liderar el proceso de recuperación económica en Europa, pero con su propia visión. Quieren de verdad una Europa alemana? Obviamente la respuesta es que no, pero la práctica de las políticas de ajuste, parecen decir otra cosa.

Estamos hablando de una germanización de la política económica europea, de aplicar las políticas económicas que Alemania desea que sean ejecutadas en los países de la Unión Europea. Para ello Alemania ha restringido el papel del Banco Central Europeo en la crisis del euro a una presencia casi testimonial impidiendo la devaluación del euro, lo que sería un alivio para muchos países. Ha impuesto casi de forma obsesiva políticas de austeridad en medio de una profunda recesión, y concede toda la prioridad a la resolución a largo plazo de los problemas estructurales, minusvalorando las dificultades cíclicas a corto plazo, etc.

Este enfoque alemán se impone en Europa

Para muchos analistas, hoy no hay un liderazgo tan claro franco-alemán, solo el liderazgo alemán. Y en el país existe suficiente consenso político interno, incluso con los sindicatos, como para no esperar que se produzcan cambios significativos de la política alemana por mucho tiempo. Lo cual no augura un horizonte muy prometedor.

Las consecuencias de todo esto, nos guste o no, es una inevitable política de austeridad y reformas sabiendo, además, que los supuestos efectos positivos de éstas últimas tardarán tiempo en manifestarse. Las políticas de austeridad deprimen aún más a una economía deprimida, por lo que el panorama para los próximos años no es muy halagüeño.

Alemania ha sido un país protagonista de la historia europea del Siglo XX. Si en aquella época los delirantes sueños del expansionismo alemán llevó a dos guerras mundiales, la ceguera y la obstinación actual de los dirigentes alemanes, puede llevar de nuevo a Europa a una situación de conflicto social generalizado, así como a un sentimiento anti-alemán que se puede extender como la pólvora.

Como potencia económica Alemania resurgió, tras la postguerra, con la ayuda internacional, no olvidemos el Plan Marshall, y el aporte de millones de trabajadores europeos que levantaron la economía alemana. Actualmente está utilizando todo su poder económico y su influencia en las instituciones europeas para imponer un nuevo orden económico en Europa. Una especie de dictadura económica que mantiene a muchos países y a sus ciudadanos en una permanente situación de postración.

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